Ni derecha ni izquierda: liberalismo

Los términos derecha e izquierda son los más empleados en política. Parece que cualquier persona se mueve ideológicamente en una linea horizontal, viendo si se acerca más a la derecha o a la izquierda. La realidad es que hay ideas más allá. Sí, y no hablo del famoso “centro político”, hablo de liberalismo.

Un conservador escucha hablar a un liberal sobre la legalización de la droga y pensará que es de izquierda. Un progresista escucha discutir a un liberal sobre los beneficios que aporta a la sociedad vivir en un sistema de libre mercado, y creerá que es de derecha. Conservador y progresista se equivocan en su juicio. Esa persona es liberal, ni de izquierda ni de derecha.

¿Qué significa cada adscripción ideológica?

Para poder contestar a esa pregunta nos será muy útil recurrir a un gráfico conocido como diagrama de Nolan. En él se manejan dos variables en porcentajes: libertad personal y económica. La posición que ocupa la persona que se somete al diagrama dependerá de la libertad que conceda al individuo en los dos aspectos mencionados.

Diagrama_de_nolan

Así tendríamos:

  • Totalitario: son los que menos creen en la libertad del individuo. Prohíben aspectos como la propiedad e intervienen en la vida de los ciudadanos. En definitiva, una dictadura.
  • Progresista (izquierda): están a favor de conceder libertad personal a las personas, esto es, que el estado no se entrometa en sus vidas personales. Algunas propuestas que nos sirven de ejemplo son la legalización de las drogas o la libertad sexual. Sin embargo, se posicionan en contra de la libertad económica y son partidarios de regular la propiedad y el mercado.
  • Conservador (derecha): al contrario que los progresistas, los conservadores pretenden intervenir en la vida personal de los ciudadanos. Creen que el estado debe de ser “brújula moral”. Y abogan por la libertad económica, la no intervención del gobierno en la economía.
  • Centro: es una mezcla entre la derecha y la izquierda. Dejan 50% de libertad personal y 50% de libertad económica. Creen que el estado tiene que intervenir tanto en la economía como en la vida privada, pero solo en un 50%.

Como es observable, las cuatro posiciones son contrarias a una cosa: la total libertad del individuo. 

¿Y qué hay del liberalismo?

Precisamente, la corriente liberal defiende la total libertad de cada persona. Confía en que el estado no debe dirigir ni la economía ni la vida de los ciudadanos. Este sistema de libertad se sustenta en tres pilares fundamentales: el cumplimiento de los contratos, la defensa de la vida o principio de no agresión y la propiedad privada.

En el aspecto moral. ¿Qué derecho tiene una persona para interferir en la vida de los demás? El liberalismo quiere evitar eso a toda costa. La igualdad jurídica de todas las personas. Los mismos derechos. No puede obligarse a un tercero a cumplir con una obligación si va contra su voluntad. El consentimiento es clave.

También en la práctica se demuestra que cuanto más libre es un pueblo, más próspero es. La siguiente imagen muestra la relación directa entre dos índices: el de libertad económica, publicado anualmente por Heritage Foundation y The Wall Street Journal, y el IDH (Índice de Desarrollo Humano) elaborado por el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), que combina la esperanza de vida, el nivel de escolarización y alfabetización y el PIB per cápita.

2017-11-06-1630MN3773

La siguiente vuelve a mostrar otra relación directa, en este caso, entre el IDH y el Índice de Democracia que publica The Economist.

idhvs-id

En ambos gráficos es más que evidente. La libertad funciona.

Es por todo esto que tenemos que creer en el liberalismo. No solo porque se basa en el respeto de los derechos individuales, sino que, además, opera más eficiente y eficazmente que el resto de propuestas

¿Qué más te da lo que haga tu vecino? Deja hacer, deja pasar (laissez faire, laissez passer). Vive y deja vivir.

 

La imposibilidad de la renta básica universal

Muchas personas defienden hoy la renta básica universal (RBU). Y, sorprendentemente, no sólo desde grupos de izquierda, también desde grupos conservadores. Véase el caso de Finlandia, primer país en experimentar con la RBU teniendo un gobierno de centro-derecha.

Desde estos colectivos se defiende la RBU como herramienta para incrementar el poder de negociación de los más vulnerables. Alegan que la RBU, al ser un ingreso incondicional, ahorrará muchos recursos a la Administración, que ya no tendrá que examinar a los candidatos para comprobar que cumplen con unas condiciones (como en el caso de una renta de reinserción). Las personas podrán dedicarse a lo que les apetezca y, por lo tanto, serán más productivas. Dejarán de ser dependientes de los propietarios, y así, serán más libres.

Para poder financiar esta renta proponen sustituir todas las prestaciones sociales de ingresos (pensiones, becas, subsidios, etc) por la RBU. Aunque no sólo basta con eso, es necesario aumentar la presión fiscal, que dicen, es inferior a la media europea y de los países nórdicos.

Los contras

El primer problema que se presenta es: ¿quién va a desempeñar los trabajos que menos gusten? ¿Y si nadie quiere trabajar en una determinada tarea, (como puede ser el cuidado de personas mayores)? O incluso ¿y si nadie quiere trabajar?

El segundo inconveniente tiene que ver con el fondo teórico que plantea la RBU. Supuestamente, el no ser propietario te hace dependiente del propietario. Es cierto, pero, ¿quién es no propietario en este sistema capitalista? Todo el mundo tiene en propiedad su vida, su trabajo y su intelecto. Derivados del ejercicio de las propiedades anteriores vendrán otras pertenencias. Pero, de raíz, el sistema capitalista reconoce a cada persona con unos derechos de propiedad inatacables, como los anteriormente mencionados. Ser propietario tampoco te hace independiente. Si quieres ser rico (acumular más propiedad que el resto) deberás de conseguir esa propiedad mediante el servicio a los demás, es decir, que dependes de los demás propietarios para poder tú serlo.

La siguiente crítica está relacionada con su financiación. Usar el concepto de presión fiscal es tramposo. El indicador de esfuerzo fiscal, que tiene en cuenta la población, es más realista. En ese sentido, España se sitúa por encima de la media de la OCDE, e incluso, de países modelo como Suecia o Noruega. La economía sumergida ronda el 17% del PIB. Y la teoría de la curva de Laffer nos ha demostrado que la recaudación no tiene por qué aumentar siempre que se incrementa la tasa impositiva. Con demasiada carga fiscal, las empresas quiebran o se van.

Las empresas son las que crean riqueza. Atraen capital o explotan recursos, luego, pagan a sus trabajadores que, finalmente, actúan de consumidores. No hay demanda sin oferta previa. Y si con altos impuestos destruimos la oferta, ¿qué riqueza queremos repartir?

¿Y si aumentamos los salarios?

En España tenemos un gran problema que arrastramos desde muchos años atrás, incluso antes de la crisis. Los salarios son bajos y el empleo no es estable, además de ser poco.

TASA DE PARO EUROPA

Salario medio por hora
Gráfico: elaboración propia. Fuente datos: Eurostat.

Como podemos comprobar, el salario medio neto por hora en España es un 17,62% inferior al de la media de los países de la Unión. Además de esto, es el segundo país de la UE con más tasa de desempleo.

Ante esta coyuntura, aparecen numerosas propuestas que podemos resumir en dos corrientes: mayor regulación o menor regulación del mercado laboral.

La primera aboga por la imposición de trabas al despido (aumentando el coste del mismo, por ejemplo), por un aumento del SMI (Salario Mínimo Interprofesional), encarecimiento del contrato temporal, etc. En definitiva, todo lo que sea establecer leyes que favorezcan y protejan al trabajador. Esto tiene su fundamento en creer que el trabajador que, posteriormente hace de demanda en el resto de mercados, tiene que mantener el consumo. En consecuencia, las empresas seguirán recibiendo ingresos y podrán pagar a sus trabajadores. De esta manera, consiguen que la economía no se hunda.
El problema de esta teoría radica en la suposición de que la riqueza se crea en la demanda (familias), cuando realmente no es así. Los trabajadores (familias, consumidores) son el estímulo que hace que las empresas (oferta) produzcan lo que necesitan. Las empresas se organizan, contratan, producen y venden; son ellas las que satisfacen las necesidades de los trabajadores (producen para ellas y contratan personal). Establecer trabas a la demanda de empleo (empresas) acabará repercutiendo negativamente en el trabajador. La riqueza se genera por la atracción de capital extranjero o por la extracción de recursos naturales y su posterior desarrollo en el proceso productivo, y eso, lo hacen empresas.

A continuación, paso a demostrar que tan bienintencionadas iniciativas acaban siendo perjudiciales.

SMI (Salario Mínimo Interprofesional)

La fijación de un SMI que esté por encima del salario real de equilibrio con la intención de que el trabajador pueda seguir comprando y mantenga los beneficios empresariales, en realidad, causa un exceso de oferta de empleo que, en otras palabras, se conoce como desempleo. efecto del smi

Supongamos que el salario dado (en la gráfica) es el SMI establecido por el gobierno. El salario real de equilibrio del mercado se encuentra en el cruce de curvas de oferta y demanda de empleo. En este momento, establecer un salario superior hará que la cantidad de trabajo ofrecido sea mayor que el demandado, creándose así desempleo.
Es muy sencillo de entender. Si una empresa cuyos ingresos han disminuido por la crisis se ve obligada a pagar unos salarios dados, a medida que disminuyan esos ingresos o aumenten los costes, la empresa tendrá que optar por dos opciones: reducir salarios o despedir personal.
Si no puede reducir más el salario, porque la ley lo impide, despedirá al personal o le pagará en negro. Ambas, opciones bastante negativas para el trabajador.
Además, esto contribuye a la peor redistribución de la riqueza. Si disminuyen los salarios, los trabajadores serán más pobres, pero esa riqueza estará mejor redistribuida que si uno es despedido y otro no.

Aumento de los costes laborales

Otra propuesta es  la de aumentar los costes laborales. Se encarecen los costes de despido, de contratos temporales, etc. Incluso pueden aumentar las cotizaciones e impuestos; el coste laboral que no es el salario que percibe el trabajador. En la misma situación que en el supuesto del SMI anterior, si a la empresa no le queda otra opción que el despido, este le supondrá numerosos costes, que, le obligarán a tener que seguir reduciendo plantilla o salarios.
Ningún país ha salido de una crisis con contratos indefinidos. Menos aún España, teniendo en cuenta su estructura económica. En un momento de incertidumbre como es una crisis, el empresario no cree que pueda afrontar una contratación indefinida y apuesta por contratos temporales. Si aumentamos el coste de los temporales, menos empresas estarán dispuestas a contratar.
¿Qué pasa con una persona que no puede pagar la tarifa de autónomo? Se convierte en un desempleado y, en un dependiente de la mínima renta que le garantice el Estado, si es que se la garantiza.

No solo basta con la teoría. La práctica es igualmente fundamental. Por eso, comprobemos cuanto suponen, en porcentaje, las cotizaciones e impuestos incluidos en el coste laboral con demás países europeos.

otros costes laborales porcentaje europa

Gráfico: elaboración propia. Fuente datos: Eurostat

España está por encima de la media de la UE. Las cotizaciones e impuestos suponen para el trabajador más de un 25% de su salario bruto anual. No es casualidad tampoco que los países con menos porcentaje, tengan salarios netos más altos.

relacion otros costes laborales con salarios netosGráfico: elaboración propia. Fuente datos: Eurostat

He aquí la correlación. Cuanto más altas sean las cotizaciones e impuestos, menor será el el salario neto por hora y viceversa.

Castigar a la gran empresa

La infinita e incansable solución: “¡qué paguen los ricos!” propone aumentar los costes laborales a las grandes empresas (que pueden permitírselo) en mayor proporción que a las pymes. Esto vuelve a ser de nuevo un error, ya que, las grandes empresas pagan mejores salarios y ofrecen mejores condiciones que las pymes.

Según el Informe trimestral del mercado laboral , elaborado por Randstad research, las grandes empresas pagan salarios medios mensuales más altos que las pymes en todos los sectores.

salarios medios por sector

Fuente: randstad research

A lo mejor, que en España haya salarios bajos tiene algo que ver con que más del 90% de las empresas sean pymes.
Las trabas impuestas al salto a la gran empresa seguirán repercutiendo negativamente en el trabajador.

Soluciones

El remedio no pasa por decretar las mejoras en las condiciones por ley, porque, como ya hemos visto, acaban teniendo el efecto contrario al buscado. Hay que incrementar la demanda de empleo. Al fin y al cabo, es esta la que crea riqueza y puestos de trabajo. Y cuanta más demanda de empleo, mayor poder de negociación tendrá el trabajador y mejores condiciones.
Para aumentar la demanda de empleo, lo único que, desde del gobierno hay que hacer es reducir la regulación y la rigidez del mercado laboral. Esto es, abaratamiento de todos los costes de contratación y despido, impuestos y cotizaciones sociales y reducir los tramites burocráticos.

El incremento de la demanda de empleo llevará consigo al aumento de los empleos, de los salarios y del poder de negociación de los trabajadores que, en definitiva, es lo que todos estamos buscando.

La robotización del empleo

En estos últimos años y especialmente en los pasados días, en el “Foro Económico Internacional”, se está tratando con especial atención e importancia el tema que parece asustar tanto a muchos políticos y economistas, y es “la robotización del empleo”.

La ciencia y la técnica avanzan a un ritmo vertiginoso reduciendo numerosos costes de producción y tiempos de fabricación, en definitiva, mejorando la productividad. Esto hace temblar a los grupos anteriormente mencionados porque supone la sustitución del trabajo humano por maquinaria, aumentando el desempleo.

Analicemos si debería de existir o no esta preocupación por la “cuarta revolución industrial” y hasta qué punto.

Me gustaría empezar con el siguiente planteamiento: si de verdad queremos crear empleo, se puede hacer de una manera muy sencilla, solo tenemos que, en el caso de una obra pública, en lugar de utilizar maquinaria pesada, podríamos emplear palas o incluso cucharas de plástico, así podríamos contratar a un gran número de personas. O en la gestión de la contabilidad de una compañía, podríamos prescindir de los programas y ordenadores y que fuera realizada a mano para tener que contratar así a varias personas más.

Es indudable que los avances tecnológicos han mejorado nuestro bienestar a largo plazo, aunque a corto plazo puedan parecer perjudiciales o destructivos, como en este caso se cree. No hay más que estudiar la historia de pasados avances. La progresiva incorporación de la maquinaria y nuevos métodos en España en el proceso productivo ha hecho que, la renta per cápita, que en el periodo 1840-1850 era de $1.079 (constantes de 2015), sea hoy de $25.483 (constantes de 2015). Asimismo, también han disminuido las horas de trabajo semanales, de las cerca de 60 horas semanales en 1850, a las 40 horas en 2011. Aumentando en un 1% el número de empleados sobre el total de la población desde la década de 1840 a 2015.

Numero de horas semanales evolucion

Pero lo que preocupa realmente en esta ocasión es que esta revolución destruirá, según ellos, más puestos de trabajo de los que creará debido al nivel de desarrollo de la tecnología e inteligencia artificial, que permitirá realizar a robots, drones o dispositivos inteligentes una importante base de tareas no rutinarias o que requieren un uso intensivo de habilidades cognitivas, emocionales o artesanales.

Sin embargo, en julio de 2017 el observatorio ADEI (Análisis y Desarrollo Económico de Internet), que se ocupa de investigar el impacto de las nuevas tecnologías en nuestra economía, publicó un informe donde, sobre la base del estudio científico y económico, presentaba un futuro desde luego muy alejado del planteado por los agoreros de los que hablamos anteriormente. En el mismo, prevén para España un gran crecimiento; la creación de 2 millones de empleos netos y aumento de la renta per cápita, de los 24.000€ actuales a los 33.000€, en 2030, debido al incremento de la productividad, que estiman del 1,3% medio anual hasta 2030. Todo ello posible si se implementasen las políticas económicas, formativas y laborales que impulsasen las mejoras.

PIB per cápita en españa 2017-2030

Por todo ello, es fundamental que tanto el ciudadano, como la Administración y las empresas, se impliquen en la formación y especialización en aquellas “ocupaciones avanzadas”, que según el informe son: físicos, ingenieros y matemáticos, especialistas
en finanzas y profesionales de las tecnologías de la información y comunicación. Que, en definitiva, son las que más posibilidades de complementariedad tienen con la robotización y con ello, menos riesgo a ser sustituidas.

Si no somos capaces de avanzar en conjunto a la par que la tecnología, ese deseado escenario no podrá tener lugar y nos encontraremos con una “brecha digital” que nos dará muchos dolores de cabeza.

 

 

 

 

Lotería vs bolsa

Llegan fechas importantes, llega la Navidad y como consecuencia de ella tienen lugar los premios de lotería con más fama de España; la de Navidad y la del Niño. Aprovechando la ocasión, me gustaría hacer una reflexión sobre una manera de pensar y actuar generalizada que no considero acertada. Mi pregunta es: ¿por qué lotería sí y bolsa no?

Según la última encuesta del Banco de España, 5,2 millones de españoles tienen acciones, frente al 90% de participación que tiene la lotería de Navidad que emite 160 millones de décimos. Mucha gente no invierte dinero en el mercado de valores porque considera que está poniendo en riesgo su capital y prefieren tenerlo en una cuenta corriente bancaria generando, actualmente, solo gastos y comisiones. Pero, sin embargo, todo el mundo o casi todo, compra lotería mensualmente como el “euromillón” o “la primitiva” (con una participación del 48% y 46%, respectivamente) o, al menos, lo hace en Navidad con el Gordo y la del Niño. Todos buscan dar “el pelotazo” para “tapar agujeros” y “quitarse de trabajar”. Es verdad que con ese “pelotazo” taparían muchos agujeros, la prioridad de los mismos ya sería otro debate, pero desde luego no les “quitaría de trabajar”. El problema está en que, ¿de verdad va a llegar ese pelotazo? Analicémoslo.

La probabilidad de que toque el Gordo, un 2º premio o un 3º en la lotería especial de Navidad es del 0,001%, es decir, 1 entre 100.000. Teniendo en cuenta que la media de décimos que compra un español es de 2, a 20€ cada uno, la rentabilidad para cada premio sería del 1282000% en el Gordo, 500000% en el 2º premio y 200000% para el 3º. Desde luego, es un buen “pelotazo” como se dice. Pero el problema está en que, si la probabilidad de que toque es del 0,001%, el riesgo de que no toque es del 99,999% y ningún financiero escogería una inversión que suponga un riesgo de casi el 100%.

Y ¿por qué lo hace la gente? La pérdida está prácticamente asegurada, de hecho, teniendo en cuenta todos los premios que se dan, el 9% recupera la inversión y el 86% se va sin nada, es decir, solo pierde el dinero.probabilidades en el gordo Y creo que la respuesta está en dos motivos: la ilusión y el pequeño gasto que supone. El deseo de solucionarte la vida (imposible prácticamente) y según esa media (40€ que te cuestan los 2 décimos) “si 40 euros te solucionan la vida ¿por qué no?”. Y aquí radica el problema. Y es el de no considerar el largo plazo, porque si hacemos eso, estimando que una persona compra durante 45 años la lotería de Navidad, gastaría en total 2.160€ y si añadimos la del Niño, donde la probabilidad de ganar algún premio es del 7,82%, la cantidad se elevaría a 4.275€.

Solo hemos tenido en cuenta dos sorteos especiales que se producen una vez al año, pero pensemos ahora en todos los amigos, familiares o incluso tu mismo, que compran o compras lotería mensualmente, como el euromillón y primitiva o el cuponazo de la ONCE, esperando ese milagro que te solucione la vida. Y en peor situación nos encontramos, las probabilidades son ahora 0,000006%, 0,000007% y 0,0000067%, respectivamente. En una encuesta hecha por OCU, estiman que la media de gasto en este tipo de loterías sería de 377€ anuales, que en 45 años suponen un gasto de 16.965€, sumados a los de las dos especiales, alcanzaríamos la cuantía de 21.240€ que gasta de media un español a lo largo de su vida en loterías.

Si lo que queremos es tapar agujeros, que normalmente son deudas a largo plazo, ¿por qué no buscamos una solución a largo plazo en lugar de a corto? Si el banco no nos da intereses, podemos diversificar en bolsa, inversiones que ni mucho menos tendrán un 99% de riesgo. Hay valores en bolsa que no dependen del azar, sino que son reflejo en gran medida de la marcha de una empresa. En el Ibex 35 hay hasta ocho valores que generan un 7% de rentabilidad en concepto de dividendos anualmente, proporcionando (el Ibex al completo) en 25 años una rentabilidad histórica anual del 9,1%. Si el gasto en lotería se convirtiera en inversión en acciones reinvirtiendo todos los años el dividendo, al cabo de 45 años, con un 7% habremos obtenido una rentabilidad del 2100,25%. Y solo hablamos de destinar el 4,61% del SMI.

interes compesto dividendos

rentabilidad

Si empleáramos la bolsa como una manera de ahorrar parte de nuestro dinero, diversificando nuestra cartera de valores, estaríamos de verdad ayudando a tapar nuestros agujeros, no gastando en un imposible. El riesgo de la lotería es mucho mayor, y a largo plazo peor aún.

No tengamos miedo a perder nuestro dinero en bolsa, porque desde luego el riesgo es muchísimo menor. Tampoco busquemos “pelotazos”, porque los verdaderos financieros viven de las pequeñas y regulares rentabilidades a largo plazo.

Capitalismo y cristianismo, ¿compatibles?

Muchas veces hemos oído a alguna que otra personalidad importante decir cosas parecidas a estas: “Jesucristo sería de Podemos”, “el cristianismo es más comunismo que capitalismo” o “son los comunistas los que piensan como los cristianos”.

Se demoniza al Capitalismo porque es individualista y competitivo, y en él la persona es egoísta y solo busca su beneficio personal. A primera vista parece cierto, quizás el sistema comunista sea más parecido a lo que proclamaba Jesús y lo que los primeros cristianos hacían: no buscaban el lucro personal e intercambiaban sus bienes y servicios sin beneficio (plusvalía), no había propiedad de medios de producción, por lo tanto, no había explotación (entendido en concepto de la teoría marxista, no el uso común). En definitiva, no había interés particular, sino que era común, una preocupación por el prójimo.

Aunque nos parezca correcto, dicho planteamiento no lo es. La clave del argumento reside en la libertad. Tenemos que partir de la base de que Dios nos ha hecho libres y que el sistema acorde al cristianismo debe ser defensor de la libertad.

Galatas 5:1
Para libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud.

¿Hay libertad en el comunismo?

No. Ni a nivel teórico, ni a nivel práctico.

En la teoría es inalcanzable, tal y como planteó Ludwig Von Mises, al demostrar la imposibilidad del cálculo económico en ausencia de instituciones como el dinero y los intercambios libres. Además de lo anterior (referido al aspecto económico), es moralmente contrario a los principios cristianos de libertad por estar en contra de la propiedad privada de los medios de producción.

La propiedad privada, además de ser algo propio de la naturaleza humana según estableció John Locke, es respetada por la Iglesia y por el propio mensaje de la Biblia. Ser libres implica poder ser propietarios.

Salmos 128:2
Comerás del fruto de tu trabajo,

serás feliz y te irá bien. 

En este momento, se puede añadir desde una perspectiva marxista que la propiedad privada de los medios de producción no sea fruto del trabajo. Esta idea es precisamente uno de los errores de esta teoría económica; que no considera al empresariado como factor productivo. De ahí que se derive la plusvalía y la explotación.

El empresario es un factor productivo más, sin él, no sería posible la producción. Éste, asume el riesgo y aporta capital ahorrado. Ese capital procede de trabajo y de tiempo, en donde todos los ingresos (derivados de haber participado en el proceso productivo como fuerza laboral) obtenidos no han sido destinados a consumo o gasto, sino que han sido almacenados, lo que supone un sacrificio, un esfuerzo; trabajo. Es decir, que la oposición del marxismo a la propiedad privada de los medios de producción es una idea totalmente contraria a los valores y creencias cristianas, favorables a la libertad y en consecuencia, a la propiedad.

Proverbios 13:11
El dinero mal habido pronto se acaba;

quien ahorra, poco a poco se enriquece.

A nivel práctico, debido a la imposibilidad teórica del cálculo económico, ha habido muchas corrientes que han hecho su interpretación y aplicación (Lenin, Trotski, Stalin, Mao Tse Tun, Eurocomunismo, etc). Todas ellas han resultado en lo mismo: planificación centralizada. Una constante presente en todas las políticas de la planificación ha sido la abolición de la propiedad en muchos ámbitos y la lucha contra la libertad.

Como hemos argumentado, el comunismo y socialismo son contrarios a la propiedad y a la libertad, es por eso, que nunca podrán ser coherentes con el mensaje cristiano.

¿Y en la socialdemocracia?

Tampoco hay libertad. Los impuestos que el Estado impone, coactivamente, a la población son opuestos a la libertad de elección de cada individuo.

Además de ello, San Juan Pablo II en centésimus annus, dice que el hecho de que haya un Estado que lleve a cabo las labores sociales, provoca un efecto desincentivador en la persona, quien, con menos medios, tiene menos motivación para ayudar al prójimo. Somos obligados y por lo tanto perdemos la responsabilidad de ayudar al necesitado, y ésta es sustituida por un Estado dominado por lógicas burocráticas más que por la verdadera preocupación de servir a los usuarios. Esa responsabilidad y libertad que, sin embargo, si tuvieron los primeros cristianos, los discípulos o el propio Jesucristo.

¿Es entonces el capitalismo?

El hecho de que dos de los tres sistemas creados no sean coherentes con el mensaje de Dios, no significa automáticamente la correspondencia del tercero, el capitalismo. Pero, como ahora demostraremos, no por descarte, sino por realidad, es el sistema capitalista el que concuerda con el pensamiento y los valores cristianos.

El capitalismo es un sistema económico basado en la libertad y el respeto al Derecho (iusnaturalismo). En él, los seguidores de Cristo somos capaces, voluntariamente, de hacer lo que hicieron los primeros cristianos; nadie nos impide poner nuestra propiedad en común.

¿Y los que no son cristianos? Tenemos de entender que todo el mundo no es cristiano, y habrá siempre personas que busquen en todo lo que hagan exclusivamente el beneficio personal y empoderarse frente a los demás (respetando siempre el Derecho), pero lo bueno que tiene el sistema capitalista es que sin pretenderlo, hacemos el bien a los demás. Como bien decía Adam Smith con su teoría de la mano invisible, la búsqueda del beneficio personal repercute positivamente en el beneficio social. El hecho de que yo quiera satisfacer mi necesidad de comprar comida hace que la persona que me vende esa comida o que la produce, se beneficie también y además, con el único objetivo de beneficiarse ella misma. Los individuos que realizan su trabajo no lo hacen por pura solidaridad, si no buscando su propio interés, pero sin darse cuenta, están proporcionado y ayudando a satisfacer una necesidad a otras personas.

Tampoco es negativa la búsqueda de lucro o beneficio. El mismo San Juan Pablo II, afirma que el hecho de que una empresa tenga beneficios no tiene un significado egoísta, sino todo lo contrario, es síntoma de que los factores productivos se han coordinado a la perfección y esto repercute positivamente en un gran número de personas.

Eclesiastés 4:9
Más valen dos que uno,
porque obtienen más fruto de su esfuerzo.

Las empresas son uniones libres de personas que aportan y ponen en común sus propiedades (trabajo, capital, tiempo, experiencia, conocimiento, etc) libremente, con el afán de obtener beneficios mediante la satisfacción de las necesidades de terceras personas, ajenas a la organización: sus clientes. Quienes, además, mediante el pago reconocen el trabajo y el esfuerzo de su prójimo, entregándoles parte de su propiedad (que obtuvieron por satisfacción a otros individuos). Y así, continuamente.

La propiedad privada es el mejor reparto de la responsabilidad colectiva. Para poder conservarla te ves en la necesidad y responsabilidad de cubrir la necesidad de otros.

Concluyendo, tanto el comunismo como la socialdemocracia son sistemas liberticidas, contrarios al deseo de Dios. Debemos de reafirmarnos en el sistema capitalista porque permite a los cristianos actuar de manera recta a su fe y también traduce las egoístas intenciones de otras en beneficio comunitario, tanto en un caso como en otro, estamos repercutiendo positivamente en el beneficio común.

¿Es posible la privatización de la justicia?

A día de hoy existe una corriente de pensamiento, el liberalismo, que, en el ámbito económico, apuesta por la no intervención del Estado, en campos como; salud, educación o pensiones, entre otros. Pero, ¿es posible una justicia privada?

Para poder responder a esa pregunta, me gustaría partir del siguiente punto: es imposible un Estado sin el Derecho, pero, ¿es posible el Derecho sin Estado? La respuesta es afirmativa; sí es posible el Derecho sin Estado.

El Derecho es anterior al Estado, es un conjunto de normas que previenen o solucionan conflictos sociales. Y en el Estado ha delegado toda la ciudadanía su potestad individual para que organice y aplique el Derecho, porque ha depositado, en última instancia en él, el poder de la fuerza (por ello cuenta con cuerpos de seguridad).

La convivencia social no ocurre exclusivamente porque haya un Estado que dicte leyes y normas, y obligue coactivamente al cumplimiento de las mismas, la convivencia es posible porque todos los individuos comparten, respetan y asumen un conjunto de Principios Generales, cuya raíz es la propiedad privada. Aunque haya Estado, si los ciudadanos no respetan unos valores comunes, no habrá una convivencia en paz. Este sería el caso de una guerra civil, donde la sociedad no respeta unos valores universales y el Estado no puede actuar. Es por esto por lo que el Estado es solamente una consecuencia y forma organizativa que deriva de unos principios fundamentales comunes.

Y ¿por qué el derecho de propiedad privada es el principio básico? Porque la propiedad privada es algo natural e intrínseco al ser humano que permite que las relaciones entre los mismos sean justas, ya que delimita lo que se puede hacer y lo que no. Hablamos de propiedad privada en todos los sentidos, no solo en el económico. La persona es propietaria de su cuerpo, este derecho de propiedad privada sobre su cuerpo hace que nadie pueda asesinarle o violentarle; es propietaria de su pensamiento, de ahí que nadie pueda obligarle a pensar o actuar de una manera determinada; la persona es propietaria del fruto de su trabajo, porque voluntariamente ha decidido realizar una actividad que como consecuencia ha supuesto una retribución. Es por todo esto por lo que el respeto al derecho fundamental de la propiedad privada es esencial para la convivencia.

El problema que presenta el Estado es la falta de eficacia y eficiencia en la defensa de ese derecho fundamental de convivencia. Y esto es porque tiene el monopolio de la ley. Un conjunto de políticos, que prometen y no cumplen, son los que gestionan la aplicación de la ley y además tienen la facultad de entorpecer cualquier tipo de relación jurídica o económica porque tienen capacidad legislativa.

El Estado es ineficiente porque emplea demasiado tiempo en resolver los conflictos, y es ineficaz porque en numerosas ocasiones no los resuelve. Y no los resuelve porque no cumple con el derecho fundamental de la propiedad. Se comprueba fácilmente en la mayoría de los casos de ocupaciones, donde no es capaz de defender el derecho de propiedad privada sobre el fruto del trabajo, o en los asesinatos, que no es capaz de defender el derecho a la vida (que emana del de propiedad privada). E incluso ataca en ciertas ocasiones ese derecho, ¿cómo? te priva de los frutos de tu trabajo mediante la recaudación, de manera imperativa, y ni si quiera responde adecuadamente con una contraprestación ajustada a lo aportado, aprovechándose para financiar cualquier organización política o sindical afín a sus ideales o se apropia de ese dinero (casos de corrupción) , e incluso, como ha pasado y pasa en numerosos países, puede atacar tu libertad individual (como ocurre en cualquier dictadura).

Que una organización formada por un grupo concreto de personas tenga el monopolio de la ley (la redacte y la aplique), hace que ocurran atrocidades como ocurrieron en la Alemania nazi o la Italia fascista.

Por todo esto, la solución es la privatización de la justicia, la descentralización del monopolio, evitando cualquier tipo de malversación del poder. Que nuestros principios y leyes se recojan en unos códigos. Y en el caso del incumplimiento, que existan unas empresas jurídicas y de seguridad que se encarguen de aplicar los códigos (civil y penal), donde el factor clave de este sistema sea la competencia.

El hecho de que haya competencia obliga a la empresa a cumplir con los códigos, que, al fin y al cabo, son los principios con los que está de acuerdo toda la sociedad. Porque, de no cumplir con ellos, las empresas dejarán de ser contratadas por los ciudadanos. En el caso de la prevención de conflictos, toma especial importancia la posesión de armas para la defensa de la vida. Si todas las personas poseen armas, estarán en igualdad, así cualquier individuo que quiera atacar cualquier derecho fundamental sabrá que probablemente cuente con la respuesta inmediata de la persona o de las personas que le rodeen en el momento, actuando así de elemento desincentivador de la violencia.

A nivel económico, esta cobertura judicial se consigue gracias al pago de un seguro. Tal y como funcionan muchos seguros médicos o de vehículos.

Acabaremos así o al menos seremos capaces de reducir considerablemente el problema de la ineficacia y la ineficiencia, consiguiendo un funcionamiento del Derecho mucho mas justo y positivo para la sociedad.

 

Primera entrada

Hola y bienvenido a este blog dirigido y editado por Vicente Moreno, un joven curioso y con una gran inquietud, la cual me ha llevado a compartir mi manera de comprender la actualidad y situaciones cotidianas.

Hablaremos de temas políticos, económicos, morales o incluso filosóficos y como bien aclaro en la entrada, lo políticamente incorrecto tendrá siempre cabida en este blog.

Muchas gracias.