Lo que se ve y lo que no se ve (III): pensiones

Artículo original en La Voz de Córdoba.

Siguiendo con los dos artículos anteriores, donde usábamos la estructura de “lo que se ve y lo que no se ve” de Frederic Bastiat, en este trataremos otro polémico asunto: las pensiones

Pensiones

Este es uno de los grandes problemas y desafíos de política económica de España, incluso, puede que sea el más importante. Con el actual sistema de reparto que tenemos no somos capaces de garantizar pensiones dignas y su sostenibilidad para el futuro. Las pensiones de hoy, se pagan con el dinero de hoy. Y lo peor, una pirámide poblacional invertida y una productividad por trabajador estancada que impiden llenar las arcas públicas. Todo el dinero que se recauda en concepto de cotizaciones es destinado a pensiones, otros gastos como sanidad tienen que ser financiados a través de distintas fuentes de ingresos públicos. Es más, cuantificando todo esto, hemos de saber que el resultado de la Seguridad Social supone ya el 54% del déficit público, y que el famoso agujero estructural es de 15.000 millones de euros, el 1,5% del PIB español.

Está claro, todos los organismos, instituciones y expertos lo dicen: el sistema de reparto no se sustentaAnte esta terrible situación, los principales partidos políticos no proponen ninguna solución seria, ni efectiva a largo plazo. Todos hablan de equiparar, revalorizar, indexar o revisar elfactor de sostenibilidad. Mientras tanto, los países de nuestro entorno, esos Estados europeos que tanto nos gustan y en los que nos fijamos muy frecuentemente, han adoptado otros sistemas de pensiones mixtos que combinan el ahorro individual o capitalización y el sistema de reparto público.

He de puntualizar que como alternativas al sistema actual de reparto tenemos otras opciones como el sistema de capitalización puro, donde cada persona ahorra de forma individual su pensión, y un sistema mixto donde se intercala el ahorro individual y el sistema de reparto público.

La capitalización no es, como siempre nos cuentan, seleccionar en exclusividad planes de pensiones privados donde el Estado y los bancos nos machacan a base de impuestos y comisiones. Verdaderamente, hay muchas alternativas de ahorro; desde una operativa individual en bolsa con renta fija o variable, con fondos de inversión, o incluso, con un índice. A día de hoy, se han creado muchas más herramientas que permiten obtener mejores rentabilidades, sorteando el hachazo del oligopolio bancario y el monopolio estatal.

Además, la capitalización induce a un circulo virtuoso de creación de riqueza, acumulación de capital y aumento de la productividad. El dinero que se ahorra, en vez de ser gastado o consumido por las generaciones presentes, se pone a disposición de la inversión, canalizado a través de los mercados financieros. Esas empresas cuentan con más fondos para invertir en capital, y es esta mayor acumulación de capital lo que permite que mejore la productividad, se paguen mejores salarios y disminuya el desempleo.

Sin embargo, es más fácil hablar de lo que se ve, esa mínima subida de las pensiones, las migajas extras que podemos percibir; que tratar lo que no se ve, que es el gran problema y terribles consecuencias que conlleva no plantear una reforma contundente del sistema de pensiones y seguir con estas medidas paliativas. Ya es hora de plantear una transición progresiva a un modelo que funcione y nos garantice el futuro a todos.

Lo que se ve y lo que no se ve (II): privatizaciones

Artículo original en La Voz de Córdoba.

En mi artículo anterior ya tratamos el tema del gasto público desde la perspectiva del autor francés Frederic Bastiat. Este análisis de las medidas de política económica lo hacíamos atendiendo, por un lado, a las primeras consecuencias de las decisiones gubernamentales o lo que se ve, y por otro, a los últimos efectos de dichas medidas adoptadas o lo que no se ve. En este comentario examinaremos el caso de las privatizaciones desde el mismo prisma.

Privatizaciones

En el panorama político actual, ningún partido con representación o que si quiera opte a ella, plantea, ni por asomo, una privatización de cualquier servicio público. Es más, la posibilidad o rumor de que un partido tenga intención de privatizar algo es usado como arma arrojadiza para despreciar a esa formación política y quitarle votos. Veamos algunos casos relacionados con la salud.

Siempre que se propone cualquier privatización, nos recuerdan ejemplos concretos de malas gestiones. Esta es la realidad de algunos centros sanitarios de la comunidad de Madrid, que pasaron a ser de gestión privada y acabaron ofreciendo un peor servicio que los públicos. Pero, ¿realmente es una auténtica privatización? No. Porque el capital y los fondos seguían siendo públicos. Si los gestores disponen libremente de fondos que no son suyos, no existirá ningún incentivo para que hagan un buen empleo de los mismos. Es decir, que una privatización implica que la gestión y el capital pasen a manos privadas, de manera completa. Lo que se ve es que la gestión privada es peor que la pública, pero, lo que no se ve es que los fondos siguen siendo públicos y que la privatización no se ha completado.

Otro típico argumento es recurrir al defectuoso sistema sanitario privado de EEUU, donde los tratamientos y precios están disparados, dejando a muchas personas sin acceso a un servicio de salud digno. Lo que no saben es que este encarecimiento se debe, principalmente, a la exención en el impuesto sobre la renta y en las contribuciones empresariales a la Seguridad Social de los gastos asociados a la contratación de un seguro sanitario en favor del trabajador. Una medida de intervención política que ha hecho que crezca la demanda en el sector sanitario, al disponer las empresas de seguros de más fondos, y que esto haya sido aprovechado por la oferta sanitaria para subir los precios de manera abusiva. Lo que se ve es que la gestión privada es pésima, pero, que esto se deba a una medida de intervención política es lo que no se ve. En Europa pasa lo mismo, solo que los precios no pueden dispararse porque, al ser la oferta pública, está controlada por los políticos. Singapur, Suiza o Hong Kong son mejores modelos de países donde el sector privado tiene más peso en el sistema sanitario.

Que la sanidad sea privada tampoco significa que solo puedan permitírsela los ricos. Muchas otras necesidades en las que las familias gastan importantes sumas de dinero, como la alimentación, dependen de empresas privadas. Si alguna familia no puede permitirse una buena alimentación (que ya son pocas), existen entidades caritativas privadas que se encargan de proveer a dichas familias.

Y estos ejemplos de un sector más delicado como el sanitario, pueden extrapolarse a cualquier otro campo. Las privatizaciones son preferibles porque, gracias a los incentivos que genera la propiedad privada, se consiguen procesos más eficientes y productivos, que resultan en menores costes y precios, y mejores servicios para los usuarios. Siguiendo con anécdotas sanitarias, tenemos en España el caso de la odontología, oficio que no cubre los servicios públicos y que se ha convertido en accesible para la mayoría de las personas gracias a la increíble reducción de precios. Es más, los mismos profesionales colaboran y se asocian en organizaciones voluntarias para ofrecer su tiempo en tratar a pacientes que no pueden permitirse sus servicios, de manera altruista. Lo que se ve es que la sanidad va a ser inaccesible para muchas personas al ser privada; lo que no se ve es que por la reducción de costes y por la concienciación social, más personas pueden disfrutar de una mejor sanidad.

Esto mismo que ocurre con la sanidad, pasa con cualquier otra actividad: educación, pensiones, prestaciones por desempleo, etc. Que no nos confundan con lo que se ve a simple vista, quedémonos con lo que no se ve: cuando algo se somete a plena libertad y competencia, donde predomina la soberanía del consumidor y usuario y no de un político, los precios bajan, los procesos mejoran y se convierten en más eficientes y accesibles para todo el mundo.

Lo que se ve y lo que no se ve (I): gasto

Artículo original en La Voz de Córdoba.

Ya en el siglo XIX, el periodista, escritor y economista francés, Frederic Bastiat, hablaba en sus obras de lo que se ve y lo que no se ve. Para que nos entendamos, cuando hablaba de lo que se ve, se refería a los efectos más primarios y perceptibles superficialmente, de las decisiones políticas. Y, al aludir a lo que no se ve, trataba las consecuencias más profundas y contundentes de dichas decisiones. Esta misma metodología o procedimiento de análisis podría ser aplicada a las medidas que hoy día siguen implementando los gobiernos. Así pues, veamos, desde esta perspectiva, algunos temas que son muy repetidos entre los discursos y manifiestos políticos de estos días de campaña electoral.

Gasto público

El gasto público es esa variable que difícilmente un partido proponga reducir. Los más socialdemócratas siempre hablan de subirlo, y, los que podrían ser más liberales, proponen reducir impuestos, pero no gasto público; como si les diera miedo perder votantes. Es cierto que muchos medios y partidos se han encargado de hacernos ver como negativas las reducciones del gasto público, pero, convendría observar cuáles pueden ser las causas del aumento del gasto que muchos partidos proponen.

Generalmente, este aumento del gasto público puede entenderse por dos motivos. El primero, porque el número de personas en situación de vulnerabilidad haya aumentado, y el segundo, porque nos dirijamos hacía una economía cada vez más intervenida por el gobierno.

Para el momento en el que se encuentra España, la primera hipótesis podría rechazarse. La tasa de desempleo ha descendido, el salario medio ha subido (poco) y los indicadores de pobreza y desigualdad caen: hay un mayor ingreso medio por hogar y persona, menor carencia material severa y, también, menor tasa de riesgo de pobreza.

Es entonces cuando nos debe preocupar que la segunda motivación pueda ser cierta, pues,los países donde más interviene el gobierno en la economía presentan menos crecimiento y prosperidad. O lo que es lo mismo, las regiones y países donde prima la libertad económica, la prosperidad existe en mayor cantidad que en el resto de economías intervenidas.

Esta idea puede tener muchas justificaciones teóricas; como la falta de incentivos que provoca la inexistencia de propiedad privada sobre ciertos recursos. Pero, con un caso concreto, donde se aprecie lo que se ve lo que no se ve, puede entenderse de manera más sencilla. Lo que se ve en un aumento del gasto que pueda darse en uno de los famosos “viernes sociales”, que acabe generando déficit,es la cantidad de personas que ven mejorado su subsidio o prestación. Sin embargo, lo que no se ve es que, este gasto deficitario significará deuda pública. Y esta deuda actual implicará mayores impuestos futuros, menos crecimiento económico, menos empleo y peores salarios, en definitiva, una peor situación.

Por ello, es fundamental que sepamos apreciar y diferenciar las consecuencias más cortoplacistas y largoplacistas que supone cualquier medida económica. En el caso del gasto público, debemos tener claro que un aumento del mismo no puede ser nunca positivo, al contrario, significará que nos encontramos en una situación de malas condiciones económicas y/o que se vivirá en una peor tras el incremento del gasto.

Tengamos cuidado y seamos críticos con todo aquello que nos prometen en campaña, pues, nuestro futuro bienestar económico está en juego.

Los errores del Green New Deal

Artículo original publicado en El Club de los Viernes.

Está siendo muy comentado estos días: los congresistas demócratas americanos están proponiendo otro New Deal, pero, en este caso un Green New Deal. Básicamente, un incremento del gasto público con el objetivo de luchar contra el cambio climático. Y las discusiones se han centrado en cómo va a financiarse ese gasto público excesivo sin generar déficit. Congresistas como la joven Alexandria Ocasio-Cortez han propuesto el aumento de los tipos marginales estadounidenses a niveles muy elevados, cercanos al 60%-70%, alegando que es algo que se ha hecho en otras ocasiones en la historia de los EEUU. Por parte de sectores liberales, su alocada propuesta ya quedó contestada.

Pero, en esta ocasión, economistas americanos han intentado, de nuevo, otra defensa o justificación de ese gran aumento del gasto público. Este es el caso de la profesora Stephanie Kelton, quien, en un hilo de Twitter afirmaba que el Gobierno Federal puede permitirse comprar lo que quiera en su propia moneda, ya que el aumento del déficit podía ser financiado en dólares americanos sin problema. Lo que proponen, en definitiva, es aumentar la oferta de medios de pago, para que nos entendamos, de dinero. Pero claro, como el gobierno federal no tiene potestad para hacerlo directamente, quieren que se emitan bonos estatales que, a fin de cuentas, son medios de pago muy similares al dólar.

Evidentemente, ante esta expansión, los riesgos inflacionarios asoman. Sin embargo, en el mismo hilo, la profesora decía que solo se producirá una subida generalizada de los precios si la capacidad ociosa de los recursos productivos se encontrara completa. E incluso, si se empezarán a percibir visos de inflación, el gobierno siempre podría reducir el gasto o aumentar los impuestos y la FED aumentar los tipos de interés.

Nada novedoso

Ciertamente, estas propuestas no tienen nada de innovadoras. Están basadas en ideas keynesianas y son defendidas por una corriente económica conocida como TMM (Teoría Monetaria Moderna). Resumiendo: una expansión monetaria puede impulsar la demanda agregada hasta el pleno empleo de los factores, sin haber causado alzas en los precios. Y en este caso, la expansión monetaria se haría a través del aumento de los bonos gubernamentales.

Las objeciones que se pueden hacer ante estas propuestas son varias. Así pues, hagamos algunas.

En primer lugar, la tasa de desempleo en EEUU se encuentra en el 4%, una tasa muy cercana al pleno empleo, o que incluso, podríamos considerar pleno empleo. Hasta asumiendo la teoría keynesiana, un aumento de los medios de pago en esta situación, traería inflación, es decir, ningún efecto positivo sobre la economía real; al contrario, esta inflación provocaría distorsiones que mermarían el crecimiento.

Supongamos ahora que el nivel en el que se encuentra EEUU no es el de pleno empleo. Como primer requisito, necesitaríamos que existiera capacidad ociosa de los recursos productivos; cosa que es dudosa para el caso del stock de capital inutilizado, que es mucho menos flexible que la mano de obra. Aun así, tenemos que comprender por qué, en una economía no se alcanza la plena ocupación.

Básicamente, y como podemos deducir de la teoría austriaca, se debe a un desajuste parcial entre la oferta y la demanda. Ocurre que hay algunos planes empresariales que no han sido capaces de satisfacer las verdaderas demandas de los consumidores. Entonces, esas empresas quiebran, se liquidan. En ese período de tiempo, los empresarios tienen que descubrir otras necesidades y planes empresariales e intentar adaptar su capital a ese nuevo plan. A su vez, algunos trabajadores quedan desempleados hasta que los empresarios necesiten de ellos de nuevo. Este desempleo temporal, se soluciona si los agentes económicos propietarios del capital son suficientemente libres de emprender el proyecto que deseen. Si existen trabas impositivas o burocráticas, conseguir el pleno empleo será más complicado y lento.

En caso de expandir la oferta monetaria, la inyección de dinero no tiene por qué ser absorbida por la demanda. Es más, es muy difícil. Lo que antes la demanda no quería, seguirá sin quererlo por más dinero que tenga. Entonces, habrá inflación, y los salarios reales serán menores. Habrá una redistribución obligada de la renta: ganarán poder adquisitivo aquellos que perciban en los primeros momentos el nuevo dinero, en detrimento del poder adquisitivo de los últimos. Los planes empresariales inmovilizados tendrán más dificultad para pivotar, etc. En definitiva, se producirán desajustes en el mercado que entorpecerán la creación de riqueza y la plena ocupación.

Mucho más sencillo es dejar a los agentes interactuar libremente. La evidencia lo avala.

No necesitamos al gobierno

Además de las malas consecuencias económicas y de la inconsistencia teórica de las propuestas, tampoco necesitamos al Estado como protector o salvador único del medioambiente. Demostrado ha quedado que la gestión de la naturaleza en el mercado libre funciona mejor que su organización pública. Puesto que, en esta última, al no estar bien definidos los responsables, no existen incentivos algunos para el buen tratamiento de los lugares y espacios. Por el contrario, gracias a la propiedad comunal de los recursos, hay más responsabilidad e iniciativa por el buen cuidado y la gestión del medio. Un ejemplo claro de ello es el National Trust, una fundación inglesa que se encarga de adquirir espacios naturales para su conservación.

En definitiva, no podemos caer en la trampa de considerar al gobierno como único salvador del planeta, por muy urgente y prioritario que sea el asunto, como en esta ocasión. Y menos aún, cuando recurre a políticas desestabilizadoras y que, lejos de conseguir el pleno empleo y la protección del planeta, generan paro e irresponsabilidad medioambiental.

Una gestión ejemplar

Artículo original en La Voz de Córdoba.

Hace unos días, Fernando Priego y Ana María Peña, alcalde y delegada de Hacienda del Ayuntamiento de Cabra respectivamente, han presentado los resultados del pasado año 2018 durante una rueda de prensa, en un ejercicio de transparencia política. Los datos pueden concluirse como muy positivos. De hecho, de ahí deriva el título de este artículo, pues, ha sido una gestión económica ejemplar.

Calificarla así no implica considerarla perfecta o ideal, significa estimarla como referente para el resto de ayuntamientos y corporaciones municipales de España. Y no es para menos.

Los datos

Teniendo claro que el poder de acción de un gobierno local en materia económica se reduce a la gestión de algunos impuestos, tasas y licencias y a controlar sus gastos (recordemos que un gobierno municipal no puede crear empleo), el Ayuntamiento de Cabra se sitúa en el buen camino y, además, a un ritmo muy adecuado.

La deuda se ha reducido en un 84% desde el año 2012,donde alcanzó un máximo de 7 millones de euros. Esto significa que la disminución es de casi 6 millones de euros, o lo que es lo mismo, el equivalente a las rentas anuales del trabajo de 434 egabrenses. El resultado de ingresos y gastos ha vuelto a ser superavitario, tal y como viene siendo, ininterrumpidamente, desde 2012. A su vez, el Período Medio de Pago a Proveedores trimestral se sitúa en 10 días, cifra muy alejada de los 46 días de media del conjunto de corporaciones locales españolas.

Por el lado de los ingresos y la fiscalidad, se han bajado los impuestos y eliminado tasas y licencias municipales, en un 5% aproximado. Además, también se han ampliado las bonificaciones fiscales.

Todos los datos arrojados nos obligan a considerar la gestión de los recursos realizada como ejemplar. El resto de gobiernos y consistorios municipales deberían de actuar como desde el Ayuntamiento de Cabra se está trabajando, cumpliendo siempre con el equilibrio presupuestario y la responsabilidad fiscal.

Pero, no es la gestión ideal ni perfecta. Para alcanzar esa administración ideal, deberían de seguir bajando impuestos, reduciendo deuda, cumpliendo con el equilibrio presupuestario y respondiendo a las necesidades de sus ciudadanos. Sin lugar a dudas, se encuentran orientados y, también, deben de seguir empeñados en ello.

La ciencia económica nació en España

Artículo original en La Voz de Córdoba.

En numerosas ocasiones miramos otros países con envidia por la cantidad de teorías e ideas científicas y artísticas que han aportado a la humanidad. Y, después de ello, nos avergonzamos creyendo que España solo fue grande e importante por la extensión de su imperio o por la cantidad de batallas que fue capaz de ganar. Sin embargo, y para sorpresa y alegría de muchos, hubo una gran escuela de pensamiento española, que construyó grandes teorías para la ciencia económica en el Siglo de Oro. Esa fue la Escuela de Salamanca, o como otros expertos se empeñan en bautizar (desde mi punto de vista, con buen gusto):Escuela Española de Economía.

Tal importancia tuvo nuestra escuela, que hasta el gran economista Joseph Schumpeterafirmó, en una de sus obras más conocidas, que es muy posible que el origen dela ciencia económica estuviera en España, en concreto, en los postulados desarrollados por la Escuela de Salamanca.

Sería entonces poco honroso que un español no conociera quiénes fueron los ilustres personajes, que contribuyeron a que los motivos para sentir orgullo de ser español fueran muchos más, y, sobre todo, cuáles fueron sus investigaciones.

Los autores y sus contribuciones

Francisco de Vitoria, Juan de Mariana, Luis de Molina, Martín de Azpilicueta o Diego de Covarrubias son algunos de los más importantes representantes de esta Escuela. Y en lo referente a campos de estudio, podemos hallar producción intelectual sobre temas como la justificación de la propiedad privada y el beneficio, teorías del dinero y los precios o incluso, teoría del interés.

Francisco de Vitoria (Burgos,1483 – Salamanca, 1546) defendió y justificó porqué era moral el comercio con objeto del enriquecimiento propio y cómo de importante era la idea de libertad de circulación de personas, bienes e ideas, en una época donde el lucro empresarial individual no estaba bien visto.

También se postularon los escolásticos en favor de una defensa férrea de la propiedad privada, tanto desde un punto de vista moral como práctico. Así, Diego de Covarrubias (Toledo, 1512 – Madrid, 1577) afirmó que era legítima la apropiación no solo de determinados recursos, sino de toda producción generada por uno mismo. Y el propio Luis de Molina (Cuenca, 1535 – Madrid, 1600)defendió la propiedad por el papel eficiente que jugaba esta institución en el mercado; algo que años después haría el gran Mises, con su justificación cataláctica (basada en el mercado, en su uso y consecuencias) de la propiedad. Dos intelectuales que también fueron impulsores de la teoría subjetiva del valor, que siglos después sería eje central de una revolución dentro de la teoría económica, conocida como revolución marginalista.

Martín de Azpilicueta (Navarra, 1492 – Roma, 1586) y, de nuevo, Luis de Molina, sembraron la semilla con su teoría del valor-escasez, que serviría de pilar a la fundamental teoría cuantitativa del dinero; una teoría monetaria que justifica como variaciones en la masa monetaria pueden traer consigo procesos inflacionarios o deflacionarios.

Asimismo, en unos tiempos en los que aplicar un tipo de interés podía considerarse usura, incluso algo pecaminoso, la Escuela de Salamanca defendió el papel del tipo de interés desde el punto de vista del coste de oportunidad y del riesgo, y el mismo Martín de Azpilicueta es quien introduce la variable tiempo en el origen del interés; elemento que hoy es clave en cualquier teoría u operación financiera. A saber, se prefiere el dinero hoy a mañana, es por eso que debe de existir un incentivo a percibir el dinero mañana. Ese incentivo es lo que conocemos como interés.

Muchas más aportaciones y teorías son las descubiertas e investigadas por la gran Escuela de Salamanca, como es el caso de las críticas de Juan de Mariana (Talavera de la Reina, 1536 – Toledo, 1624) hacia la tiranía, o reconocer la inflación como un impuesto encubierto(llamado impuesto inflacionario), donde el rey depreciaba el valor de la moneda, lo que hacía perder poder adquisitivo al pueblo en favor del regente.

Sin lugar a dudas, los españoles podemos sentir orgullo por la gran labor que nuestros antepasados realizaron en favor del desarrollo de las ciencias a través de la labor académica. Igualmente, conocer nuestro pasado nos puede motivar a hacer honor a nuestra historia, para construir nosotros grandes teorías y doctrinas que puedan tornar el rumbo actual a mejor puerto, en favor de toda la humanidad.

 

En el gobierno, como en casa

Artículo original en La Voz de Córdoba.

Todas las corrientes del pensamiento económico estructuran unas ideas en torno a la gestión económica que debería de desempeñar un gobierno. Dependiendo de las bases y cimientos ideológicos y teóricos de los que se partan, se desarrollarán unas medidas u otras. Es un debate muy amplio y profundo, pues hay mucha teoría y evidencia empírica detrás de cada modelo y afirmación, pero más allá de todo eso, la historia y el sentido común han demostrado que la mejor gestión posible que se puede hacer en un gobierno es la misma que hace una familia en su casa. Esta es bien sabida por todo el mundo, podríamos resumirla así: no gastar más de lo que se ingresa, evitar un endeudamiento excesivo y procurar unos ahorros que nos aseguren un bienestar futuro.

Precisamente, esto que nos parece tan lógico, se convierte en una anomalía cuando hablamos de gestión pública. Desde los años 80 hasta hoy, solo hemos tenido un período de superávit, de 2005 a 2007, coincidiendo con la burbuja inmobiliaria. El hecho de que durante tantos años los gastos hayan superado a los ingresos, supone la necesidad de pedir recursos en préstamo para poder financiar el gasto que excede a lo que hemos sido capaces de ingresar. Esto, año tras año, acaba convirtiéndose en un gran problema, precisamente, lo que ahora estamos sufriendo. España tiene una deuda pública cercana al 100% del PIB, es decir, debemos todo lo que somos capaces de producir en un año.

Ninguna familia o empresa es capaz de sostenerse financieramente durante tantos años, incurriendo en pérdidas anuales continuamente y recurriendo a financiación externa en cada período. Lo habitual es que la empresa que hiciera eso, quebrara en los primeros años. Sin embargo, ¿cómo es que el Estado no quiebra?

La respuesta a esa pregunta, desenmascara la perversión que supone la praxis económica del Estado y de los políticos en general. Una empresa o una familia puede recibir préstamos si se cumple lo siguiente. Por un lado, que el deudor se crea capaz de poder devolver todo lo recibido, y por otro, que el acreedor esté seguro de que su deudor cuenta con los suficientes recursos o activos que le permitirán cumplir con lo pactado. En el caso de las familias, un trabajo estable y un buen salario, pueden asegurar una deuda. En el de las empresas, lo serán una buena inversión o unos activos rentables. Para el caso del Estado, la principal forma de disponer de recursos es mediante los ingresos fiscales (impuestos). La diferencia entre ambas formas de obtener fondos es que, las familias y empresas, reciben ingresos de forma voluntaria por parte de sus clientes o empleadores; si no cumplen con lo que la demanda necesita, nadie les garantizará su ingreso. Pero, el Estado no necesita servir la carencia de nadie, impone coactivamente lo que sus ciudadanos han de abonarle. Es por eso que siempre podrá contar con recursos, porque obliga de forma violenta a contribuir a su población. Este poder, que ninguna otra institución social posee, es lo que le permite poder alcanzar niveles de deuda tan altos y gestionar tan mal los recursos.

Y lo peor de todo no es eso. Una empresa o familia compromete su dinero o su trabajo; el Estado compromete el dinero de todas las familias y todas las empresas, sin preguntar, sin avisar y sin esperar el consentimiento de nadie. De unos gestores que rotan cada cuatro años y que no reciben ningún tipo de penalización por la mala gestión que puedan realizar, no se puede esperar nada bueno.

Es por eso, que la mejor gestión que puede hacerse en el gobierno, en cualquier gobierno, ya sea municipal, autonómico o estatal, es replicar aquello que la sociedad civil lleva haciendo tantos y tantos años: no gastar más de lo que se tiene y no tomar deudas inasumibles, que comprometan el presente y, sobre todo, el futuro de aquellos que trabajan día a día y que no son preguntados por lo que hacer con el dinero que es fruto de su esfuerzo diario.

La gestión económica de la Iglesia y la solidaridad: un caso concreto.

Artículo original en La Voz de Córdoba.

En nuestra provincia se encuentra la Parroquia de la Asunción y Ángeles de Cabra. Como acostumbran las Parroquias de nuestra Diócesis, esta última presentó sus resultados de ingresos y gastos de 2018 en el primer trimestre del nuevo año 2019. Y los números dan mucho de qué hablar.

Los resultados

El año 2018 cerró con un pequeño superávit que, sumado al remanente en caja resultante del ejercicio de 2017, deja a la Parroquia con efectivo suficiente para afrontar el próximo año. Los ingresos han aumentado respecto a 2017, y los gastos se han incrementado a la par, respetando siempre el principio de equilibrio presupuestario que ha propiciado el superávit y el aumento de la tesorería.

En lo que refiere a la distribución de los gastos, podemos desgranarlos en varios capítulos por orden de importancia. En primer lugar, con un 27’92% del total, encontramos la partida destinada a reformas para la conservación de los templos y la readaptación de varios inmuebles para la habitabilidad. En segundo lugar, tenemos lo destinado a Cáritas parroquial, un 26’8% del gasto final. En esta sección se incluyen la mayoría de labores de asistencia social cuantificables: pago de letras de hipoteca, facturas de luz, comida… (no se incluyen horas de voluntariado) para aquellas familias con dificultades económicas. Seguidamente, representando un 13’08%, tenemos los gastos en mobiliario y material para la realización del culto. Después, un 12’64% del total fue invertido en actividades pastorales como excursiones para los grupos de catequesis, evitando que las familias tuvieran que soportar los desembolsos de cada actividad. Alrededor de un 9’9% se utilizó para costear las facturas de suministros, un 5’25% fue como parte del salario del párroco y, por último, el 4’47% restante se entregó a la Diócesis en concepto de “seguro” (algo que a continuación comentaremos).

Por su parte, los ingresos proceden, en distintas cantidades, de donaciones de fundaciones privadas, donativos a Cáritas, aportaciones de los fieles, de la realización de los sacramentos y en una pequeña parte, de una subvención del ayuntamiento (1’87% del total de los ingresos).

Comentadas de forma superficial las cuentas del pasado año, pasemos a profundizar sobre ellas.

El trasfondo: ¿cómo se vive y se organiza la solidaridad en nuestro tiempo?

En las sociedades en las que vivimos existen los Estados de Bienestar o Estados Asistenciales, que tienen como misión el apoyo y la protección de las personas desfavorecidas o que se encuentran en una mala situación económica. También participan instituciones privadas como fundaciones u ONG, pero parece que esa responsabilidad la hemos delegado en el Estado. Todos los recursos gubernamentales se captan vía impuestos, de manera coactiva (si no los pagas, serás sancionado). Sabiendo esto, ¿es verdaderamente la actividad estatal un acto de solidaridad? Bajo mi punto de vista, no lo es. Al menos, no al completo. Es un ejercicio de subsidiaridad, pero, la solidaridad requiere de voluntariedad y consentimiento por parte de las personas que la prestan. Los impuestos, en ningún caso son voluntarios ni consentidos, es más, la gente evita pagarlos. Pero entonces, creemos que si de ello no se encargan los políticos y gobernantes, nadie lo hará. Ante esta creencia, se impone la realidad con el caso concreto de esta Parroquia.

Del total de los ingresos parroquiales, casi todo procede las intenciones libres de las personas que han colaborado en términos económicos; porque si hablamos en horas, muchas más personas dedican su tiempo a tareas que solo la Iglesia aporta de forma gratuita a la sociedad.

Es más, haciendo una comparativa con pueblos andaluces que tienen similar tasa de desempleo que Cabra y parecida cantidad de habitantes que el total de feligreses de la Asunción y Ángeles, encontramos que el gasto social (Cáritas) que ha hecho la Parroquia es equivalente o incluso mayor, que el gasto público en asistencia social que se ha empleado en estos municipios. Para ello, hemos divido el total del presupuesto entre el porcentaje de desempleo, hallando cuántos euros se destinan por cada 1% de paro.

2018

Parroquia

Casabermeja

Riogordo

Arriate

Presupuesto

21.446,70€

26.750€

4.000€

11.045€

Paro

14,42%

15,08%

13,57%

19,03%

Presupuesto/%

1.487,29€

1.773,87€

294,77

580,40

Es decir, la libre iniciativa ha superado o alcanzado los niveles de la obligación y la coacción. La solidaridad existe, no somos personas aisladas y egocéntricas. Y menos aún, cuando tenemos presente y realizamos los ideales cristianos; tal y como ha sucedido en esta ocasión.  

Pero no solo es destacable este aspecto. Queda por tratar el capítulo “seguro” que comentábamos al principio del artículo. En este caso, he denominado la aportación a la Diócesis como seguro, porque básicamente, funciona como tal. El mecanismo que se implementa desde la Diócesis es una bolsa común en la que las distintas Parroquias de la provincia depositan cierta cantidad anual. Es un fondo de reserva que sirve para ayudar a otras Parroquias en momentos de dificultad extraordinaria, y que también, cubre a la propia aportadora en caso de verse en una situación parecida en un futuro. Este es otro ejemplo de organización y cooperación solidaria, donde todos se ponen de acuerdo para ayudar a aquel que lo está pasando mal. De nuevo, sin necesidad de obligaciones.

Concluyendo

Hemos demostrado en un caso real y particular, cómo la solidaridad y caridad puedeejercerse libremente y sin necesidad de un tercero impersonal, como es el gobierno,evitando el riesgo de la apatía, pues, como decía San Juan Pablo II en su encíclica centesimus annus, el hecho de que haya un Estado que lleve a cabo las labores sociales, provoca un efecto desincentivador en la persona, quien, con menos medios, tiene menos motivación para ayudar al prójimo. Somos obligados y por lo tanto perdemos la responsabilidad de ayudar al necesitado, y esta es sustituida por un Estado dominado por lógicas burocráticas más que por la verdadera preocupación de servir a los usuarios.

Comprobamos que somos capaces de ayudar a los demás, no solo con dinero, sino también con nuestro tiempo. Hemos de confiar en la empatía de las personas e incentivar que sean verdaderamente solidarios, evitando delegar nuestro cometido en organismos exógenosY para conseguirlo, no hay mejor forma que dando testimonio de fe y del mensaje del Evangelio: el amor por el prójimo.

Una radiografía de la economía egabrense.

Artículo original publicado en la revista Olé de feria, en la edición de 2018.

Es muy fácil encontrar datos y análisis sobre la situación económica nacional, regional o incluso provincial. Sin embargo, más ardua es la tarea de analizar y buscar estadísticas y números de una economía local. Pues bien, en este artículo pasaremos a hacer precisamente eso, examinaremos la economía egabrense.

La radiografía

El crecimiento económico egabrense se nutre del cultivo del olivo y del sector servicios, más del primero que del segundo. De hecho, la superficie cultivada supone el 85% del total. Es por eso que las tasas de afiliación y desempleo presentan una evolución correspondiente a las campañas agrícolas. Habiendo menos afiliaciones y más desempleo en meses como julio y agosto, y más afiliaciones y menos paro en meses como diciembre y enero.  

En diciembre de 2017 la tasa de paro en Cabra se situaba en el 16,12%, lo que equivale a unas 1.546 personas desempleadas. Cayó un 5% desde que alcanzara un máximo en 2012, situándose por debajo de la media nacional, del 16,4%, y de la autónoma, del 24,4%. El número de contratos indefinidos creados en 2017 fue de 189 y el de temporales 19.308, lo que es igual a una relación de 1 indefinido por cada 102 temporales.

La disminución del desempleo es siempre favorable, pero, la calidad del que se crea también es muy importante. Si tomamos precariedad como temporalidad, ya que no permite planificar bien económicamente el futuro de los que lo sufren, el empleo creado es precario en su mayoría. Esto se debe principalmente al número de contratos que han de registrarse para cada campaña agrícola, eventos especiales en el año, turismo, ferias, etc.

En Cabra hay 1.122 empresas actualmente. Desde 2015 ha habido un aumento del 4,57% del número de entidades. Haciendo una clasificación porcentual por sectores y actividad económica tendríamos: industria, con el 8,82% de las empresas; construcción con un 12,48%; comercio, transporte y hostelería con un 42,43% y, por último, el resto de servicios, entre los que se incluyen actividades profesionales, técnicas e incluso relacionadas con la explotación agraria, que representan el 36,27% del total de empresas.

Teniendo las microempresas menos de 10 trabajadores y las pequeñas entre 10 y 50 empleados, encontramos: un 96% de microempresas y un 4% de pequeñas empresas. Es más, el 58% del total son organizaciones sin asalariados. El tamaño de las compañías egabrenses es muy pequeño.

Pasando a la gestión pública, nos encontramos con la situación y evolución de la deuda del consistorio municipal. A 2017, la deuda viva del ayuntamiento de Cabra era de 1.593.000€. Tras alcanzar un máximo en 2012 de 7.147.000€, se redujo en un total de un 77,71%, lo que supone una reducción interanual media del 15,54%, llegando a ser el ayuntamiento menos endeudado de la provincia, con una tasa de endeudamiento del 5%.

El resultado presupuestario municipal del pasado ejercicio (2017) arrojó un superávit de 1.069.977,88€. Siendo los derechos reconocidos netos de 20.258.565,08€ y las obligaciones netas de 19.188.587,20€. De esta manera, se vuelve a cumplir con el equilibrio presupuestario y la regla de gasto por quinto año consecutivo. Así mismo, los derechos netos se han reducido en un 4,80% y las obligaciones un 6,56% con respecto a 2016.

También se ha reducido de manera muy significativa el Periodo Medio de Pago a Proveedores trimestral. El último dato que conocemos, correspondiente al 4º trimestre de 2017, es de 9,36 días. Un periodo también muy inferior a la media de 44,04 días de todo el conjunto de corporaciones locales españolas.

Es verdad que se ha experimentado una bajada impositiva de aproximadamente el 5,5% en tasas e impuestos municipales y se han ampliado las bonificaciones, pero aún hay margen. Una reducción en los tipos del IBI sería muy positiva, tanto del urbano como del rústico, que están por encima de la media de la provincia.

En conclusión

Para un mayor crecimiento económico es esencial que Cabra potencie su sector terciario. Con la creación, expansión y llegada de empresas más grandes, que generen un empleo más estable y de mayor calidad. Y a esto, sin duda alguna, ayuda una buena gestión de las cuentas públicas. El equilibrio presupuestario, y más el superávit, favorecen bajadas de impuestos, que suponen una mayor disponibilidad de dinero y fondos en manos de los ciudadanos, lo que facilita tanto el mantenimiento como el crecimiento de las empresas locales y, por tanto, la creación de empleo y el progreso socioeconómico.

Fuentes de datos:

  • Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía.
  • Instituto Nacional de Estadística.
  • Portal de transparencia del Ayuntamiento de Cabra.

El resultado objetivo de los valores morales

Artículo original publicado en El Club de los Viernes.

Muchísimas son las ocasiones en las que nos resulta imposible debatir –a los liberales- con otras personas que defienden ideas intervencionistas o alejadas del liberalismo. Esto es, porque el problema no es convencer con los resultados o hechos empíricos de determinadas políticas, sino más bien, los fundamentos morales de dichas políticas. Es decir, es muy poco probable que un liberal, defensor de los derechos negativos (derechos naturales que nadie puede impedirnos), consiga convencer a un socialdemócrata, defensor de los derechos positivos (consideran que los derechos no solo se tienen, sino que hay que ejercerlos para hacerlos efectivos). El primero entenderá la libertad como la no imposición y la libre decisión, y el segundo, creerá lo anterior como insuficiente y pedirá que estas premisas se realicen con medios y posibilidades materiales. Ya no estamos ante un conflicto de realidades y hechos objetivos, que pueden contrastarse y ordenarse por superioridad en eficacia y resultados; estamos ante una divergencia en valores morales, en la raíz y base de las construcciones intelectuales.

Esto supone una gran dificultad para el acuerdo, pues, no podemos ordenar directamente los valores morales en superiores o inferiores atendiendo a lo que son. Es un relativismo –acertado- que nos impide demostrar la superioridad de unos valores morales sobre otros, puesto que son elecciones y percepciones subjetivas de los individuos, que dependen de las distintas concepciones de la vida y de la justicia. Entonces, ¿nos vemos abocados a no llegar a un acuerdo nunca?

Si es verdad que no podemos enjuiciar los valores individuales y subjetivos desde nuestra perspectiva (nuestros valores y visión sobre la vida). No podemos juzgarlos por lo que son, pero sí podemos valorarlos en función de sus consecuencias. Acerquemos el caso de los derechos positivos y negativos a una realidad concreta.

Un liberal entenderá el derecho al trabajo como la posibilidad de ser contratado o de crear una empresa sin la interferencia o prohibición por parte del Estado (u otro agente). Pero, una persona que confíe en los derechos positivos, creerá insuficiente esa no interferencia de un tercero y exigirá que se le faciliten los medios necesarios para poder cumplir con ese derecho: bien sea garantizando el empleo, o bien recibiendo recursos para invertir. El paralelismo real sería: la creación de empleo público o los subsidios a las empresas.

Estas políticas públicas de intervención implican la detracción de recursos de otros sectores productivos, lo que supone dos hechos. El primero, que esta sustracción viola los derechos negativos de los sujetos pasivos, arrebatándoles su propiedad. El segundo, que la intervención del gobierno en la economía tiene efectos negativos en el crecimiento económico, como muchas teorías han demostrado. Y esta merma del crecimiento económico, a su vez, repercute negativamente en el poder adquisitivo y en las condiciones materiales de los individuos que reciben la ayuda. Es paradójico, la intervención que tiene como objetivo conseguir las posibilidades materiales de algunos colectivos, acaba empeorando las condiciones y, por ende, no consiguen la realización efectiva de los derechos, no alcanzando ese ideal de justicia material.

Visto el caso concreto, podemos también generalizar con el conjunto de los derechos negativos. En los países y en las situaciones donde se respetan estos derechos, el crecimiento y la calidad de vida son mucho mayores que en los casos en los que se infringen. Se ha demostrado que, en periodos de guerra, las condiciones de vida de las personas empeoran considerablemente, como igual ocurre en países donde ocurren dictaduras.

La clave de la efectividad en los resultados de determinados valores radica en si representan y cumplen con los principios de la naturaleza humana. Aquellos fundamentos morales que defiendan ideas que se sustentan en la concepción humana tendrán resultados objetivos mejores: mayor crecimiento y riqueza, menores conflictos y mayor calidad de vida. En este sentido, lo que hoy conocemos como derechos negativos, cumple de manera acertada con la concepción natural del ser humano. Ya que, los resultados y consecuencias de su respeto son muy superiores a cualquier otros.

Por eso, es fundamental la defensa efectiva de las libertades negativas. En primer lugar, porque cumple mejor con la realidad de la naturaleza humana. En segundo lugar, porque es la única manera de respetar los derechos de todos los individuos, puesto que los positivos necesitan recortar libertades negativas a ciertos colectivos para favorecer a otros. Y, por último, porque el resultado es más eficiente, lo que permite a los más desaventajados alcanzar mejores condiciones materiales y vitales.