El diseño del orden social

Artículo original en la web del Instituto Juan de Mariana.

Es ampliamente compartida la intuición de que existen determinados grupos poderosos que controlan, diseñan y organizan la sociedad de tal forma que ellos puedan mantener el poder y los privilegios recibidos. Creemos que existe una oligarquía que ha creado todo el orden social y que cada acción que desempeñamos de manera inconsciente refuerza las posiciones privilegiadas de ciertos grupos. Es en la espontaneidad, en libertad, de forma natural, como estos grupos más fuertes se imponen de manera informal sobre los grupos más débiles. El Estado es por tanto el encargado de intentar mitigar estas desigualdades, regulando, prohibiendo, subvencionando e interviniendo en las relaciones sociales.

Analizando esta idea tan extendida desde el prisma teórico de la Escuela Austriaca, podemos llegar a conclusiones bien distintas que, al contrario que en el primer caso, tengan como solución otorgar menos poder al Estado y no al revés.

Los autores austriacos han escrito mucho sobre instituciones y el orden social, su surgimiento y posterior evolución con el tiempo y el cambio de ideas. Desde los clásicos más conocidos: Menger, Mises o Hayek, hasta los más actuales: Boettke o Gedeon. Todos ellos concluyen que, tanto la organización social como las instituciones que lo conforman, nunca son resultado del diseño consciente de la mente humana. Mises dice: «Todo orden social fue pensado y proyectado antes de ser puesto en práctica. Esta precedencia temporal y lógica del factor ideológico no supone afirmar que los hombres formulen, de antemano, completos sistemas sociales como hacen los autores de utopías». Ciertamente, sería utópico creer capaz al ser humano de diseñar sistemas que cuentan con un volumen de información tan inmenso. Es precisamente por eso, por problemas de información, por lo que una compleja estructura social no puede ser diseñado de antemano. El mismo fallo que se da con la planificación centralizada de la economía está presente en la planificación estatal de la sociedad y sus relaciones: la mente humana no es capaz de procesar ni crear tanto conocimiento e información, tan eficientemente, como sí se hace en la sociedad y mercado libre, o lo que también conocemos como en orden espontáneo.

El orden social es consecuencia de la coordinación espontánea de las acciones individuales. Esa coordinación es lo que da lugar al surgimiento de nuevas ideas, normas o patrones, que acaban influyendo en las instituciones. Como bien dice Gedeon: «Los individuos siguen reglas cuando actúan, pero no intentan crear ese sistema de normas sociales que emerge como resultado de sus acciones». Las normas sociales no nacen de un diseño consciente, sino de un proceso evolutivo de prueba y error, y de coordinación de acciones individuales.

Además, como Hayek decía, la economía de mercado y la sociedad libre son sistemas que permiten que el poder y control sobre los medios esté lo más descentralizado posible. Es decir, en libertad, cada individuo es mucho más soberano que en un supuesto donde el Estado interviene o planifica. En el primero, cada persona aprueba o rechaza voluntariamente las distintas ideas o normas nuevas que surgen y que se prueban en sociedad. Si el cambio propuesto no se adecúa con las preferencias individuales, no prosperará y no acabará teniendo ningún tipo de repercusión. En el segundo, la planificación central diluye el poder legítimo individual y facilita que cierto grupo de gobernantes pueda, de manera violenta, procurar un orden social determinado, sin tener en cuenta la soberanía y derechos individuales. La vía estatal, al igual que en lo económico, es más ineficiente porque no puede procesar ni crear tanta información y, además, es totalmente inmoral pues se sirve de la violencia o la coacción y no de la voluntariedad y cooperación.

En una sociedad no planificada, donde se respetan los derechos individuales, el orden social no puede ser resultado del diseño humano. Más bien es consecuencia no intencionada de la coordinación entre acciones voluntarias individuales. Al revés de lo que creen muchas personas, la sociedad no está manejada por un poder informal que es capaz de controlar todo. Más exactamente, son la planificación y la intervención estatal las que crean órdenes sociales determinados -ineficientes e inmorales-, donde un reducido grupo de personas ostenta el poder y decreta qué función, derechos, libertades y obligaciones tiene el resto de individuos y grupos sociales. Por eso mismo, si lo que queremos evitar es que un grupo controle la sociedad, no tenemos que poner trabas a la libertad, sino más bien, impedir que el Estado haga lo que mejor sabe hacer, eso que tantos temen: organizar y controlar la sociedad para favorecer a determinados grupos privilegiados.

Cambio sociocultural y empresarialidad

Artículo original en la web del Instituto Juan de Mariana.

Si por algo se caracteriza la Escuela Austriaca es por considerar, en todos sus análisis, la realidad como dinámica, frente al resto de teorías estáticas que observan los hechos como si fueran fijos o invariables. En esa existencia dinámica convivimos los seres humanos y tienen lugar muchos fenómenos sociales de cooperación. Para la teoría económica, los austriacos destacaron como motor del cambio y del progreso la creatividad, elemento principal de la función empresarial. Una creatividad que era y es cualidad innata para los individuos, con la que son capaces de descubrir, constantemente, nuevas formas, procesos, productos, técnicas… que acaban trayendo mayor prosperidad económica.

Christopher Coyne y Peter Boettke escribieron un paper en 2009 donde adaptaban la teoría económica austriaca a los cambios sociales y culturales mediante la empresarialidad. En este artículo contaremos cómo los profesores desarrollaron su teoría basándose en un individualismo metodológico no atomista.

Primero, será importante entender la teoría económica desarrollada por los principales representantes de la Escuela Austriaca, para luego poder comprender la aplicación de Coyne y Boettke. Reuniendo algunas ideas de Mises, Hayek y Kirzner, podremos identificar cuál es el motor del cambio en el mercado, la empresarialidad, y por qué el Estado no es capaz de conseguir dicho cambio. La función empresarial, el empresario, se mueve por la creatividad, en un proceso de descubrimiento de formas y oportunidades novedosas. Para ello no solo se requiere de creatividad, sino que es necesario un mecanismo que indique al empresario si lo que está haciendo es correcto o no, si existe demanda o, por el contrario, tiene que cesar en su actividad. Ese mecanismo es el de pérdida/beneficio, donde el empresario sabrá que tiene que continuar si tiene ganancias o que tiene que cerrar si tiene pérdidas. Para que el cálculo económico sea posible y existan esas señales que hacen del mercado un mecanismo mucho más eficiente, es fundamental el sistema de precios, y, para que este último exista, sabemos que son necesarios los intercambios libres y la propiedad privada. Esos dos factores clave solo se dan en un mercado libre, no intervenido por el Estado. En el sistema socialista, al no existir propiedad privada de los medios de producción ni intercambio libre de los mismos, la formación de los precios resulta imposible y el cálculo económico también, por lo que falta un mecanismo disciplinario que incentive o guíe a los empresarios hacia las actividades que son realmente demandadas. La libertad en el mercado es lo que procura que funcionen instituciones como la propiedad privada y el sistema de precios, que permite la aparición de incentivos que sirven de señal a los empresarios para que atiendan la demanda de una manera mucho más eficiente. Esos empresarios estarán guiados en todo momento por la creatividad, en un entorno de desequilibrio, donde pretenderán descubrimientos constantemente.

Si esa lógica de la creatividad -que deriva de entender el mundo como dinámico-, de los incentivos y de la libertad, la ampliamos desde el nivel económico hasta el nivel social, tendremos la teoría que Coyne y Boettke concluyeron unos años atrás. En ella misma, establecían la existencia de dos agentes impulsores del cambio, por un lado, los agentes privados y, por otro, el Gobierno. Empezando con los agentes privados, podríamos decir que son los mismos elementos en el mercado y en la sociedad. Aquello que podríamos conocer más familiarmente como sociedad civil; empresas, familias e individuos, son los mismos que provocan las transformaciones en el mercado y en la sociedad de manera privada. En el trabajo, comienzan detallando cuál es el mecanismo disciplinario que hace que los empresarios, con sus nuevas ideas, localicen sus recursos de manera eficiente. Como ya vimos anteriormente, este mecanismo es el del resultado económico: pérdida o beneficio. Si el resultado es positivo, el empresario sabrá que debe de emplearse en esa actividad. Al contrario, si el rendimiento es negativo, será señal de que tiene que recolocarse en otra actividad productiva. Para el caso de los agentes privados en sociedad, reconocer un mecanismo disciplinario es mucho más complejo, pues, depende de factores cualitativos, más que de variables cuantitativas, como el resultado económico. Sin embargo, Coyne y Boettke acaban considerando un mecanismo disciplinario: la reputación. Cuando una persona, motivada por su capacidad creadora e innovadora, supone una nueva idea, valor, costumbre o norma social positiva para la sociedad se decide a probarla entre sus conocidos. Ambos resaltan que este tipo de cambios y pruebas se dan en focos sociales pequeños, que es donde normalmente pueden ejercer influencia los individuos. Si el resultado de probar esa norma resulta en un aumento de la reputación de la persona frente a su foco social, sabrá que ese cambio es positivo y que deberá seguir extendiéndolo y probándolo por el resto de la sociedad. Al revés, si su iniciativa acaba reduciendo su reputación frente a los demás, reconocerá que lo que intentaba hacer es algo no aceptado por la sociedad y cesará en sus intentos. Este mecanismo es lo que dota de mayor dinamismo, eficiencia y eficacia al cambio social y cultural cuando se ejecuta desde la iniciativa privada.

En el caso contrario, cuando el cambio se intenta lanzar desde la política y el Gobierno, mediante la ley, la imposición y la intervención, no existe ningún mecanismo disciplinario tan eficaz como el que se da entre agentes privados. Muchos podrán decir que este es el voto, que así es como controlan los ciudadanos a los políticos. Sin embargo, los profesores niegan que el voto sea un mecanismo tan eficiente, pues, es un proceso que tiende a la concentración de los beneficios y a la dispersión de las pérdidas o costes. Esto se debe a que la interacción democrática se caracteriza por la presencia de la ignorancia racional y de intereses en los votantes. A saber, que los votantes asumen un coste muy alto de contar con toda la información relevante en comparación con el beneficio que supone el ir a votar, por eso prefieren seguir en la ignorancia. Dado esto, los políticos concentran los beneficios en grupos bien organizados y dispersan los costes en el resto de ciudadanos no organizados ni informados. Ponen como ejemplo el empuje que pueden ejercer lobbies o grupos de presión, ellos hablan de los agricultores. Estos últimos, se organizan y reclaman todo tipo de ayuda y subvención para su actividad. El Gobierno les concederá lo que desean, beneficiándolos a ellos, pero haciendo que el resto de la sociedad e individuos que no están organizados en grupos de poder queden soportando los costes de la financiación de los agricultores. Seguramente, los ciudadanos no organizados no sean capaces de reconocer esa conducta como perjudicial o negativa, y no aplicarán el correspondiente castigo electoral que ese equipo de Gobierno merecería por no atender a las verdaderas demandas de su población. Por eso mismo, el mecanismo disciplinario que permite que los cambios sociales sean más eficientes y se ajusten a lo que la sociedad exige no existirá para el caso de los agentes públicos y políticos, haciendo que cualquier política enfocada en conseguir una transformación social o cultural surta en peores efectos que si se hace de forma privada por unos agentes libres.

Sin entrar a valorar la moralidad de las políticas intervencionistas, en tanto recortan derechos y libertades individuales, podemos concluir que el Gobierno tiene mucho más difícil conseguir adecuadamente las transformaciones sociales y culturales que los agentes privados y libres en sociedad, precisamente, porque el primero carece de un mecanismo disciplinario mientras que los segundos sí lo tienen. De nuevo, los problemas de información e incentivos que suponen las políticas intervencionistas vuelven a suceder, mientras que la efectividad de los procesos de cooperación social -guiados por la creatividad-, las instituciones sociales y los mecanismos que emergen en la sociedad son los elementos que componen y facilitan la consecución de los cambios sociales y culturales emprendidos por los agentes sociales privados.

¿Redistribuir la riqueza?

Artículo original en La Voz de Córdoba.

Una de las funciones del Estado de Bienestar y de la intervención del gobierno en la economía es la redistribución de la riqueza. Éticamente no se considera bueno que existan grandes desigualdades en términos de renta en una misma sociedad, es más, es algo que llega a considerarse injusto. Parece que ya es prácticamente el último argumento que justifica la intervención del Estado en la economía, puesto que, bien demostrado ha quedado que la planificación centralizada de la economía o un gran peso del Estado en la misma solo conlleva una menor generación de riqueza o incluso, la pobreza. Necesitamos la intervención estatal no por un motivo de eficiencia, sino simplemente de “ética” o “justicia”.

Todo este planteamiento -ampliamente compartido- es repensado y discutido por los teóricos de la Escuela Austriaca de Economía. El economista inglés Israel Kirzner, basándose en sus teorías sobre la creatividad empresarial y el dinamismo, sostuvo una idea alternativa respecto de la redistribución de la renta impuesta por el Estado. Su principal argumento venía a decir que las consideraciones sobre ética y justicia que se hacían sobre la riqueza y su reparto erraban al partir de un marco analítico estático, y que, entendiendo la realidad y la economía como un proceso dinámico, el análisis y las conclusiones serían muy distintas de las que se entienden en el mainstream actual.

La corriente principal, estática, ve la riqueza como creada, ya dada, lo único que hacemos es distribuirla, pues “nos la encontramos, nos topamos con ella”. De hecho, hasta en la situación más cotidiana, este argumento puede parecernos válido. Un símil casi perfecto es el de una tarta. Siempre tendemos a repartir la tarta por igual para todo el mundo, o al menos, eso es lo que se considera más justo y ético; que todo el mundo reciba el mismo trozo. Esta sería la visión y justificación estática de la redistribución de la renta. Pero ¿qué pasa cuando no existe la tarta?

En efecto, cuando la realidad la observamos desde un prisma dinámico, no podemos dar la tarta como creada o ya dada. Más bien, la tarta no existe de por sí, sino que se crea, se descubre o se hace cada vez más grande. O lo que es lo mismo: la riqueza no está dada y hay que repartirla, mejor dicho, la riqueza se crea o se destruye. Está creada por las personas, de manera individual o, como suele ser más común, de manera conjunta y cooperativa. Por ello mismo, la riqueza es fruto del trabajo, esfuerzo, dedicación, inteligencia, perspicacia… de las personas. Ya no es algo que encontremos o exista de por sí, sino que tiene un creador, entonces, es de justicia que su autor pueda apropiarse de ella. En el caso estático, la riqueza no tiene creador y, por tanto, no es justo que algunos reciban más que otros. Pero, en el momento en el que vemos la realidad tal y como es, dinámica, entendemos que la producción y los bienes tienen sus creadores; personas que han ideado y trabajado en ellos, y que merecen justamente su propiedad frente a otros que no han trabajado sobre esa cosa concreta.

Además, el profesor Huerta de Soto, tratando la teoría de Kirzner, hace una crítica muy interesante a los efectos de la intervención estatal en la solidaridad y la cooperación social. Este dice que la creatividad empresarial es una capacidad humana que busca detectar las necesidades de la demanda y descubrir una forma de solucionarlas. A nivel económico, la intervención estatal destroza esa libre iniciativa y creatividad empresarial, haciendo más difícil la coordinación social, la solución de las necesidades de la demanda y la generación de riqueza en general. Huerta de Soto considera que la creatividad es una cualidad que todos tenemos y que, al igual que en el caso económico, nos permite identificar los problemas de los más desfavorecidos y formas de solucionarlas. Si la intervención estatal se entromete, los resultados serán los mismos que para las circunstancias económicas: no habrá coordinación social, no se resolverán bien esos problemas y solucionaremos de peor forma la precaria situación de aquellos que lo pasan mal.

La realidad, lejos de ser estática, es completamente dinámica; todo cambia y evoluciona. La riqueza es fruto de la creatividad humana y sería injusto no reconocer lo que a cada uno le corresponde según produce, crea y descubre. Si queremos ayudar a los más desfavorecidos, no podemos confiar en la intervención estatal, porque además de no ser justa ni ética violando el principio de consentimiento y apropiación, acaba dificultando el funcionamiento de la creatividad humana, impidiendo la coordinación social, el descubrimiento y solución de los problemas sociales.

Libertad, la clave del progreso

Artículo en La Voz de Córdoba.

Si en 1776 Adam Smith publicaba su obra La Riqueza de las Naciones, donde estudiaba los factores que podían determinar la riqueza o el progreso económico de un país, nosotros trataremos hoy el elemento clave y fundamental que hace que un país progrese a nivel económico y también social: la libertad.

A priori, podríamos considerar la libertad como algo totalmente necesario y coherente con la naturaleza humana, e incluso, desde un punto de vista más alejado del iusnaturalismo, por un mero proceso dinámico de prueba y error se concluiría que la libertad beneficia, claramente, a las sociedades que disponen de ella.

Muchos estudios ya lo tratan, el Cato Institute y la Heritage Foundation son dos organizaciones liberales de EEUU que se encargan de elaborar cada año índices de libertad humana y libertad económica, respectivamente. En los informes que acompañan a dichos índices, se comparan los resultados con otros indicadores como la renta per cápita, Índice de Desarrollo Humano (IDH), Índice de Desarrollo de Género (GDI), Índice de Desempeño Ambiental (EPI), etc.

Curiosamente, en todas las comparaciones que se establecen entre índices de libertad económica y humana y los distintos indicadores restantes, se observa un grado de correlación considerable. A mayor grado de libertad económica, más libertad humana (más derechos civiles). Cuanto mayor es el grado de libertad económica, más alto es el Índice de Desarrollo de Género, el Índice de Desempeño Ambiental, la renta per cápita o el Índice de Desarrollo Humano. Cuanta más libertad, más prosperidad. Pero, ¿esto es debido a una mera casualidad?

Que un país o región alance niveles de progreso en el largo plazo más altos que el resto no es algo aleatorio. El grado de libertad del que disponen los ciudadanos es un componente esencial para poder alcanzar esas cotas de prosperidad. Como decía al principio, lo podemos atribuir a la concepción iusnaturalista de la libertad como derecho humano fundamental, pero, también podríamos entenderlo como consecuencia claramente positiva desde un prisma más relativista.

Sea por la causa que sea, la evidencia es aplastante. Y una de las razones -poco conocida- que podríamos considerar es la de la Escuela Austriaca de Economía, en relación a la función empresarial. Según esta escuela de pensamiento, el fenómeno que hace posible el progreso económico y social en general, es la creatividad empresarial. Una cualidad humana de todas las personas –no solo de los empresarios, aunque se le de ese nombre- que hace que nuevos productos, técnicas, normas, formas de vida, etc… estén continuamente descubriéndose y probándose, hasta conseguir dar con algo que mejora nuestras vidas. Pero, para que la creatividad empresarial pueda desarrollarse plenamente y se den los procesos de cooperación social necesarios, la sociedad y los individuos necesitan de libertad. Una libertad, entendida en sentido negativo, como la no interferencia de un tercero en la realización de una actividad que nos corresponde como legítima. En la mayoría de los casos, es el Estado el que ocupa el lugar de ese tercero y nos impide potenciar en libertad esos dones y habilidades que mejoran la sociedad.

Como caso contrario, podríamos encontrar el socialismo o planificación centralizada de lo económico y social por parte del gobierno. Algo que, además de fracasos históricos evidentes, es teóricamente imposible, tal y como fue demostrado por los profesores Mises y Hayek, a principios del siglo XX. La coacción y la falta de incentivos en el sistema socialista, es lo que hace imposible el funcionamiento de la creatividad empresarial, algo que trae consigo el estancamiento social y productivo.

No es por azar por lo que los países son más prósperos, sino por la concesión de mayor libertad a sus ciudadanos, hecho que facilita la articulación de la creatividad empresarial y humana y la coordinación de los distintos individuos y grupos sociales. A los datos me remito.

Comicios: un nuevo motivo en favor de la descentralización

Artículo original en La Voz de Córdoba.

El domingo 26 afrontamos una nueva jornada electoral. En ella coincidieron varias votaciones (hasta seis en alguna comunidad autónoma), entre las que destacan las municipales, europeas y autonómicas. Podemos observar distintos niveles de cercanía al pueblo de todas estas elecciones, teniendo dos extremos: las municipales como las más próximas y las europeas como las más alejadas. Por eso mismo, es buena ocasión para resaltar las virtudes de la descentralización administrativa y económica, frente a los problemas, inconvenientes e ineficiencias que conlleva la centralización.

A nivel europeo se toman decisiones más relevantes de lo que creemos. Mucha normativa legal es promulgada desde allí y los organismos nacionales solo se limitan a adaptarla a su país y a su sistema jurídico. Con el tema económico sucede más de lo mismo, las competencias en política monetaria fueron transferidas en su totalidad a otro organismo europeo: el Banco Central Europeo. Y muchas iniciativas en materia fiscal también son lanzadas desde la administración europea, ejemplos son la PAC o los fondos FEDER y FEADER. Es decir, las resoluciones y los planes de Europa influyen bastante en nuestras vidas. Sin embargo, estas elecciones son las que menos atención y participación reciben de la ciudadanía en general.

En el otro extremo tenemos los comicios municipales. La acción municipal también puede tener consecuencias en las vidas de sus vecinos, pero no alcanza, ni de lejos, la influencia y repercusión de una medida europea. Y, por el contrario, son unos procesos electorales que reciben gran atención por parte de la población.

¿A qué se debe esto? Simplemente, a la cercanía de los gobiernos con el pueblo. Los vecinos conocen a las personas que gobiernan y gestionan sus recursos, y a las que decretan esto o aquello. A los ciudadanos les es mucho más fácil exigir responsabilidades, transparencia, eficiencia, compromiso y dedicación a un gobierno cercano y que conocen que a un ejecutivo en la distancia, situado a miles de kilómetros y por el que seguramente nunca se interesen. En el primer escenario, la rendición de cuentas es mucho más sencilla, consiguiéndose lo quesiempre se ha pretendido: que la sociedad civil controle al gobierno.

Esta descentralización del poder, de la administración y de la gestión económica no significa, ni mucho menos, que se rompan los lazos de unión entre regiones y países. Al contrario, la vía de la integración comenzó con acuerdos como la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), donde Estados soberanos establecían pactos y tratados relacionados con el libre comercio. Del libre tránsito de mercancías, pasamos al de capitales y personas, ambos muy relevantes. Y por ese camino se debe de continuar, con administraciones pequeñas que cuenten con acuerdos multilaterales que permitan zonas de libre comercio y circulación de personas.

La opción más idónea no es la transferencia de más competencias a un gobierno todavía mayor y más alejado de los ciudadanos. Al revés, es la descentralización del poder y la administración lo que consigue una gestión más eficaz, moral y participativa. La primera vía habilita el surgimiento de grandes oligarquías de políticos que controlan todo y de los que nadie sabe nada. La segunda nos lleva en un estado donde los ciudadanos pueden exigir responsabilidades a sus gobernantes sobre decisiones que afecten verdaderamente a sus vidas y donde la libertad individual y personal se verá más difícilmente mermada por gigantes aparatos burocráticos.

El Estado, ¿solidario?

Artículo original en La Voz de Córdoba.

El modelo presente en la mayoría de países desarrollados y consolidados económicamente es lo que conocemos como Estado de Bienestar (en adelante EB)En teoría, surgió para reducir desigualdades y con el fin de garantizaruna vida digna los más vulnerables de la sociedad. A pesar de todas las ineficiencias que acarrean dichos sistemas y estructuras económicas, el cambio de modelo no es algo que esté sobre la mesa. Se asume que una mayor liberalización de la economía trae consigo ese desprecio a los más frágiles de nuestras sociedades. Por contra, criticaremos en este artículo la condición solidaria del Estado y cómo falla en sus generosos objetivos. Empecemos.

Desde mi parecer, la solidaridad implica voluntariedad. Que el Estado nos obligue coactivamente a contribuir a una causa social, acaba desvirtuando el propio concepto de solidaridad. La solidaridad tiene que ser voluntaria, no puede ser obligatoria, sino, ¿dónde está la virtud de la persona que la ejerce?

Pues, históricamente, los gobiernos se han encargado de destrozar estos vínculos y redes de solidaridad que existían previamente en las sociedades más liberales. Además, no solo fue negativo el resultado, sino que, en sus orígenes, las intenciones eran todavía peores. El EB surgió en la Alemania de Otto von Bismark. Este último, aseguró al historiador William Harbutt Dawson que su propósito al crear el EB era el de engañar, o si lo prefieren, persuadir a las clases trabajadoras de que el Estado era una institución social que existía para preocuparse de sus intereses. No es la solidaridad lo que mueve al gobierno, es el poder lo que lo hace.

Este propósito lo cumplieron con creces. Antes de la creación del EB tenían gran peso dos formas de colaboración social: las sociedades de ayuda mutua y las filantrópicas. Las primeras podemos asemejarlas a lo que conocemos como seguros, donde las personas contribuían con una tasa que les daba derecho a ser cubiertos en caso de necesidad. Y las segundas, representan lo que habitualmente conocemos como caridad.

Pues bien, a comienzos del siglo XX, se estima que 1 de cada 3 hombres en EEUU pertenecía a una sociedad de ayuda mutua y que tres cuartas partes de la población inglesa que en 1911 pasó a estar cubierta por el Sistema de Seguridad Social ya lo estaban por las más de 9.000 sociedades de ayuda mutua que existían en el país. Además, según los historiadores, este fenómeno se extendía por el resto del continente europeo. Para los escasos niveles de riqueza del momento, las sociedades llegaban a cubrir sueldos perdidos por enfermedades, gastos por funeral, desembolsos sanitarios, seguros de vida, pensiones de jubilación, viudedad y orfandad o incluso, los gastos de viaje por cambio de trabajo. Construyeron, 71 orfanatos solo en EEUU y asilos y hospitales punteros para aquellos tiempos.

Para el caso de la filantropía, en Inglaterra y Gales en1871-1874, había hasta 17 tipos distintos de organizaciones filantrópicas. De entre ellas destaca la oferta de hospitales voluntarios, gratuitos para los pobres, con ratios de 10 camas por 10.000 habitantes ingleses en 1891, y de 22 por cada 10.000 habitantes en 1931. En comparación a las 33 camas por cada 10.000 ciudadanos que presenta hoy toda la sanidad pública inglesa, con los niveles de pobreza de aquellas épocas, resulta un dato muy interesante.

Pero no solo existieron estas redes voluntarias antes de la creación del EB, hoy día, en el país donde todavía no existe un sistema de bienestar al estilo europeo como es EEUU, la asistencia social privada representa el 2% del PIB. Y es una cifra que no ha variado, prácticamente, ante las grandes reducciones de los tipos impositivos para las rentas más altas.

Concluyendo

La sociedad, en plena libertad, se ha sabido organizar para cubrirse económicamente de cara a posibles adversidades y, además, ha colaborado para poder asistir a aquellos que menos tenían. Lo ha hecho, y lo seguirá haciendo el día que prescindamos de las ayudas gubernamentales. Tenemos que saber que el EB, además de ineficiente, rompe los vínculos sociales de cooperación y desvirtúa el concepto de solidaridad, obligando a sus ciudadanos a ser caritativos, no con un ánimo fraternal, sino, más bien, desde una actitud ambiciosa para conseguir mayor respaldo y poder.

Economía humanista

Artículo original en La Voz de Córdoba.

La economía es considerada como una ciencia. En concreto, como una ciencia social. Aun así, a los que no la conocen y la ven desde fuera les parecerá una disciplina muy matemática y con muchos números, que les puede llevar a considerar la economía como una ciencia exacta, más cercana a los procedimientos y métodos de las ciencias naturales que de las ciencias sociales o humanas. Además, dentro de la propia materia, hay muchos economistas y escuelas de pensamiento que se han empeñado y se empeñan en transformarla y acercarla más a los métodos que sigue la física o las matemáticas. Todo se llena de números, tablas, gráficas y ratios. Pero, ¿la economía no se encargaba del estudio del comportamiento humano? ¿qué pinta tanta formula?

Son preguntas muy lógicas y muy racionales. Ciertamente, la adopción de una metodología más matemática nos aleja de la comprensión de la realidad, de las verdaderas motivaciones humanas, y acostumbra a los economistas a estudiar fenómenos numéricos más que hechos humanos y sociales. Es más, uno de los economistas más importantes e influyentes de la historia, John Maynard Keynes, introdujo fórmulas matemáticas en sus teorías para la gestión de la economía. Algo que es lógico y de esperar, pues Keynes era matemático, y solo cursó seis meses de economía con Alfred Marshall en Cambridge.

Todos los procesos y fenómenos sociales y económicos se acaban traduciendo en fórmulas de utilidades y agregados macroeconómicos como el PIB o la tasa de desempleo. Se intenta predecir el comportamiento de los agentes mediante increíbles fórmulas matemáticas y con procesos econométricos. Algo muy tentador, pues, nos hace creer que,mediante técnicas cuantitativas y manejo de datos, seremos capaces de tomar control y conocer todo lo que ocurre en la economía –hasta los sentimientos de los individuos. Y, verdaderamente, es algo imposible. No es factible prever las decisiones de millones de personas que concurren al mercado continuamente.

Pero, más allá de las técnicas empleadas por las corrientes principales, hay escuelas de pensamiento que proponen un enfoque más humanista, en concreto, centrado en el estudio de la acción humana.

Esta corriente de pensamiento económico de la que hablo es la Escuela Austriaca de Economía. Surgida en 1871, con la publicación de Principios de Economía Política, Carl Menger inició la tradición de la escuela más humanista habida hasta el momento. Posteriormente, el autor Ludwig von Mises, concretó mucho más el carácter humanista de esta visión de la economía. Según él, el economista debía de centrarse en el estudio la acción humanaindependientemente de cuáles puedan ser las preferencias,características o decisiones de los agentes en el mercado. No pueden hacerse juicios de valor ni predicciones. Las matemáticas entran en el juego a la hora de producirse el cálculo económico, algo que es fundamental. Ese cálculo económico que consiste en la revelación de las preferencias subjetivas de los individuos en forma de precios, algo que nos permite conocer la eficiencia de los proyectos empresariales.

Es más, L.v. Mises quiso bautizar a su pensamiento como praxeologíao lo que es lo mismo, el estudio de la práctica, de la acción. También, aportaciones posteriores como las de Israel Kirzner, han destacado la importancia de la creatividad de los empresarios para el descubrimiento de nuevas técnicas de producción que mejoren la calidad de vida y el crecimiento económicoPoniendo mayor énfasis en la capacidad creativa de las personas para superar las barreras naturales como la escasez de recursos, más que en las limitaciones objetivas que nos impone el medio natural.

Precisamente, y como sorprenderá a muchas personas, la Escuela Austriaca de Economía es la más fiel defensora del capitalismo. O, mejor dicho, del sistema de economía de mercado o libre empresa. Es decir, que los más liberales, son los que prefieren una metodología, y tienen unas bases teóricas, más humanistas que aquellos que los tachan de deshumanizadores.

Paradójicamente, aquellos que critican a los favorables a la economía de mercado, son los que abogan por el uso de las matemáticas en la economía: por controlar todos los procesos sociales y económicos desde un comité estatal, que, mediante grandes fórmulas y agregados económicos, pretenda conseguir la mayor eficiencia, olvidando todos los procesos humanos que hay detrás de cada transacción o cada decisión. Un ejemplo es la propuesta socialista de redistribuir la riqueza mediante la igualación de las utilidades marginales de la renta de cada una de las personas. Precisamente, cuando las utilidades de cada individuo son percepciones y preferencias subjetivas que varían según la persona, convirtiendo el cálculo en imposible.

Y lo mejor de todo es que, aun así, fallan en sus estimaciones. ¡Evidentemente!, ¿cómo va a ser posible conocer las pretensiones de cada uno de los individuos de la sociedad? Sencillamente, no lo es. Resulta más humanista -y eficiente- considerar a cada persona como libre, creativa e impredecible con una simple fórmulaY, por ahora, la escuela que más se ha acercado es la Austriaca.

Elecciones municipales y propuestas económicas

Artículo publicado en La Voz de Córdoba.

Estando ya en campaña electoral para los comicios municipales, no paran de verse propuestas de corte económico en muchas localidades pequeñas y medianas. Es fantástico que el tema económico ocupe gran parte del debate político municipal, pues, ciertamente, la economía es algo clave en política. Sin embargo, dedicar gran espacio a la economía, también acarrea una mayor probabilidad de que se lancen mensajes erróneos, o incluso, demagógicos. Por esto mismo, analizaremos y trataremos de desmontar algunos tópicos económicos.

Empleo, inversión y despoblación

Un ayuntamiento no crea empleo. Es más, podríamos decir que ninguna administración pública lo crea, y si me apuran, aseverar que los gobiernos destruyen puestos de trabajo tampoco sería algo del todo esperpéntico. En realidad, la administración, y en concreto, un ayuntamiento, solo puede poner o quitar trabas a la creación de empleo. Establecer costosas licencias o tasas son ejemplos de cómo un gobierno municipal puede dificultar la contratación y emprendimiento. Pero, por lo general, el que se genere empleo depende, en gran medida, de la estructura productiva de la zona y de la legislación en materia laboral. Dos aspectos sobre los que un ayuntamiento no puede hacer absolutamente nada.

Cuando digo que un ayuntamiento no puede hacer nada, estoy refiriéndome a soluciones sostenibles. De manera irresponsable, el consistorio municipal podría gastar todos sus fondos, e incluso, endeudarse para conseguir la plena ocupación. Podría levantar y reformar todos los parques, acerados y calles. El problema es que este empleo, además de no ser altamente productivo, no sería indefinido; en algún momento se toparía con restricciones presupuestarias o no habría más espacios que reformar. Desde luego, los planes de trabajo garantizado no suelen ser muy buena opción: el famoso Plan E de Zapatero fue una demostración de ello.

También apuestan por atraer empresas e inversión a las localidades. Algo muy complicado, puesto que, de nuevo, los factores determinantes son la estructura productiva y la legislación laboral y fiscal. En este caso, de igual manera, podríamos optar por el despilfarro, concediendo ayudas o subvenciones a las compañías o firmando acuerdos, algo que es cuestionable desde la efectividad y la moralidad. Primero, porque los fondos públicos, sobre los que no existe responsabilidad directa ni incentivos por el lado de los empresarios, no siempre son bien invertidos. Y segundo, porque una subvención es un privilegio concedido por una administración a otra organización, algo que nos acerca mucho más al capitalismo de amiguetes y las oligarquías que al libre mercado. La inversión, que igualmente genera trabajo, solo llegará si tenemos una buena fiscalidad y una atractiva estructura productiva, y esas dos cosas dependen de administraciones superiores a la local.

Otro tema muy presente es la despoblación. Este mismo enlaza con los dos anteriores, ya que dicho fenómeno se produce por el desempleo y la falta de oportunidades que hay en el municipio. La única alternativa que tendría un ayuntamiento para poder frenar tan negativacircunstancias como esta, es que estuviera en un régimen de competencia fiscal con el resto de pueblos. Así, todos ellos rivalizarían por una fiscalidad y un ambiente institucional lo más favorable posible para atraer esa inversión, y que esta generara esos puestos laborales necesarios y sostenibles en el tiempo, para evitar el proceso de despoblación.

El momento de reclamar empleo e inversión no es el de las elecciones municipales. La ocasión para exigir cambios, reformas y mejoras es la de las autonómicas y generales. Si de verdad queremos que el ayuntamiento sea la institución que tenga la responsabilidad de adecuar y mejorar las circunstancias para conseguir mayor crecimiento y desarrollo económico y social, reivindiquemos una mayor descentralización y la creación de un sistema de competencia fiscal entre los propios municipios. Mientras tanto, los votantes hemos de saber que, en las pequeñas y medianas poblaciones, las críticas, propuestas y exigencias en materia de inversión empresarial y empleo, vertidas por cualquier partido político, son herramientas electorales que están muy lejos de convertirse en una realidad sostenible en el tiempo. No obstante, en los asuntos en los que sí existen competencias, un partido responsable se debería de comprometer con sus ciudadanos en la reducción de la deuda pública municipal, en el mantenimiento del equilibrio presupuestario y, además, aspirar a conseguir bajadas de impuestos y tasas que afecten directamente a las familias.

Partidos políticos y crisis económicas

Artículo original en La Voz de Córdoba.

La próxima crisis económica parece estar a la vuelta de la esquina. Lo sabemos -aunque no tenemos certeza absoluta- porque se ha detectado uno de los síntomas que casi siempre acontece antes de una crisis financiera de gran magnitud. Esa señal es la nueva forma que ha adoptado la curva de tipos de interés del bono americano a diferentes periodos. En el gremio economista se dice que la curva se ha invertido, es decir, que los tipos de interés que se pagan a corto plazo son superiores a los que se pagan a largo plazo. Una situación anómala, puesto que, en plena normalidad, a mayor plazo, mayor tipo de interés tiene el instrumento financiero del que hablamos. La razón principal es el aumento del riesgo en los pasivos a corto plazo.

De esta crisis venidera no tiene culpa Pedro Sánchez, ni tampoco la tendría cualquier otro presidente que, en caso de haber ganado ayer, hubiera sido elegido cabeza del ejecutivo. De igual modo, el expresidente Zapatero no fue el causante de la gran crisis vivida en España hace prácticamente una década. Pero, cuidado, sí tienen potestad para paliar o agravar cualquier situación que suceda y que tenga causas externas, como es el caso de las crisis financieras.

Ante un panorama donde la inversión empresarial se derrumba por quiebras, impagos de deuda y menores ingresos; los salarios se desplomarán y el desempleo se disparará. Así, el gobierno puede optar por facilitar la recuperación económica o poner piedras en el camino a los empresarios y trabajadores para que puedan salir de ese estado rápidamente. Y el gobierno aquí, tiene poder de decisión en dos materias: mercado laboral y finanzas públicas.

Podemos optar por un mercado laboral rígido y excesivamente regulado, donde los costes laborales para los empresarios sean muy altos, con la premisa de la protección del trabajador. O por flexibilizar la contratación, despidos y reducir los costes laborales no salariales para la empresa. En el primer mercado, tendremos lo que siempre hemos conseguido en España: una dualidad en el mercado laboral que discrimina a los trabajadores temporales y sobreprotege a los indefinidos y unas tasas de temporalidad que superan el 30% antes de la reforma laboral del Partido Popular. Sin embargo, el segundo escenario, aunque parezca más duro, permitirá una rápida reestructuración de las empresas, consiguiendo una recuperación más pronta y sana que el caso primero. Es evidente, las empresas son las generadoras de empleo y riqueza en colaboración con los trabajadores; si sus ventas caen, tendrán que reducir costes y reorganizarse para seguir adelante. Imponer adicionales costes y dificultades a los empleadores solo irá en perjuicio de los trabajadores y del crecimiento económico en general.

Por el lado de la política fiscal y las finanzas públicas tenemos más de lo mismo. Los impuestos son mayores costes para empresas y trabajadores, ya sean presentes, o bien, futuros en forma de déficit constante y acumulación de deuda pública, que tendrá que ser amortizada con las contribuciones de posteriores ciudadanos. El gobierno debe de mantener el equilibrio presupuestario para no comprometer a las generaciones futuras y dejar de asfixiar a las presentes con altas cargas fiscales.

Así como se puede paliar una crisis económica, también se pueden aprovechar los momentos de auge del ciclo, donde también convendría una política liberal de impulso empresarial, libertad y equilibrio presupuestario.

Los ejemplos son llamativos y muy aclaradores. Alemania y EEUU fueron países que estuvieron sumidos en la profunda recesión financiera de 2008, y donde la crisis no golpeó tan fuerte como aquí gracias a un mercado laboral flexible y una política fiscal responsable, lo que hizo que las empresas se ajustaran a la coyuntura, alcanzando tasas de desempleo que ni hoy día conseguimos lograr en nuestra economía. Apostemos por copiar aquello que hacen bien en otros sistemas políticos y económicos.

En este sentido, el nuevo gobierno encabezado por Sánchez tendrá que hacer frente a la situación de recesión -como ya se las está viendo con la desaceleración económica- y parece que optará por lo mismo de siempre: las excesivas regulaciones laborales y los “viernes sociales”. Siempre muy orgullosos y convencidos en esa justicia social que acaba empobreciéndonos a todos y, principalmente, a la clase trabajadora.